Vivir del aire

El aire es la materia esencial de la vida. Y la esencia de muchos procesos industriales, sobre todo después de pasar por un compresor. Entonces se convierte en comprimido, y acciona máquinas y da potencia a robots. Son muchas las empresas que viven del aire, y su mercado experimenta un momento dulce.

El uso del aire como un medio para conseguir fuerza o energía para accionar mecanismos, sea en forma de molinos o de barcos, es tan antiguo como nuestra civilización. Sin embargo, la neumática, de neumo (aire en griego) y ática (estudio), no comenzó a introducirse en el accionamiento de grandes máquinas hasta mediados del siglo XIX. Y sólo desde 1950, coincidiendo con el apogeo de la fabricación en serie y el consumo de masas, se empezó a emplear intensamente en los procesos industriales, es decir, en las cadenas de montaje.

“La neumática comienza a aplicarse a finales del siglo XIX con la invención del martillo neumático; es la aplicación industrial más antigua y se utilizaba en tareas de forja”, explica Juan de Juanes, profesor de ingeniería mecánica y fabricación de la Universidad Politécnica de Madrid. “Es en pleno auge de la Revolución Industrial cuando se inventan los compresores de pistones y se aplican en procesos de forja; luego en la mensajería dentro de grandes edificios, para impulsar mensajes a través de tubos que comunicaban varias plantas y habitaciones”, recuerda el profesor. “Pero es en los años treinta, y justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el aire comprimido comienza a usarse en las grandes líneas de automatización masiva, a raíz de las primeras líneas de montaje”, indica Juanes.

Vectores de potencia
Son los compresores. Los equipos que, normalmente acompañados de motores eléctricos, ponen en marcha la mayoría de las líneas de montaje. Convierten el aire normal, lo filtran, y lo comprimen, transformándolo en verdaderos “vectores de potencia”. “El mercado de compresores está en un momento muy dulce y 2006 ha sido un buen año: hemos crecido”, comenta Francisco Martín Bermejo, director de marketing de Compair, primera empresa mundial en productos de aire comprimido para obras e infraestructuras. Compair vende compresores de tornillos lubricantes, compresores portátiles, herramientas neumáticas de construcción, compresores de pistón estándar, etc. Sus clientes van desde las constructoras hasta las fuerzas armadas de varios países (sobre todo el Ejército británico, de cuyo país es originaria la compañía), pasando por las grandes cadenas de montaje de los principales fabricantes de automóviles. “Casi todas las líneas de montaje están automatizadas en la industria, con máquinas muy potentes, que funcionan gracias al aire comprimido”, señala Martín Bermejo.

Compair es una multinacional, presente en decenas de países y con productos muy variados que se adaptan a la fisonomía del sector industrial de cada nación. En 2007 cumplen 50 años en España. “Este es un país de industria pequeña y mediana, así que aquí los compresores que vendemos trabajan con menos potencia, a unos 50 CV como mucho”, puntualiza el directivo de Compair. “En grandes empresas como General Motors o Ford llegan a emplear máquinas con potencias de hasta 2.000 CV”, agrega.

La empresa española con más productos es de origen vasco y se llama Betico. Fundada en 1925, es el primer fabricante español y son una enseña puntera en el sector de los compresores para camiones de transporte de productos pulverulentos.

Neumática y robotización
“La neumática, en contra de lo que muchos pudieron pensar en favor de la electrónica, vuelve a estar muy de actualidad”, opina el profesor Juan de Juanes. “Sobre todo por los nuevos progresos que se están haciendo en robótica”, asegura. Juanes recuerda los avances en la creación de válvulas proporcionales que permiten dar más precisión y flexibilidad a los movimientos accionados con aire comprimido. Coincide con Martín Bermejo en la potencia de esta tecnología: “Se utiliza en las plataformas petroleras, en los polos industriales químicos, etc. Los motores de aire comprimido aprovechan muy bien la energía, ya que, al expandir el aire casi toda la energía se convierte en par motor y desperdicia muy poca fuerza”.

Tampoco se trata de una tecnología muy cara. “Una máquina de aire comprimido de 50 CV cuesta alrededor de los 12.000 euros”, calcula Francisco Martínez Bermejo. “A esto hay que sumarle 3.000 euros del equipo de secado y filtración y otros 5.000 por la instalación”, apunta Bermejo. “Estamos hablando de una fábrica de tamaño mediano, la más común en España”, matiza. Y advierte de que tampoco los constructores de aire comprimido se encuentran al resguardo de la llamada globalización económica. “China es la fábrica del mundo, y el aire comprimido es ante todo industria; Compair tiene que estar allí”, dice. “Quien no se encuentre en el gigante asiático dentro de diez años, simplemente no estará en ningún sitio”, sentencia.