Unidos por la seguridad

Las compañías con vocación nacional e internacional llevan años apostando por elementos y sistemas que aumenten la seguridad, hecho que ha ayudado a reducir las tasas de siniestralidad laboral. No obstante, para que de verdad tengan éxito estas medidas, requieren de la colaboración y la implicación de todo el personal que compone la empresa.

El trabajo es una parte esencial para los seres humanos. No en vano, un tercio de la vida de un adulto lo ocupa el desarrollo profesional, y es ahí donde cada individuo amplía sus conocimientos, sus capacidades sociales y sus cualidades como persona. Pero para la consecución de estos objetivos, el lugar debe estar libre de todo tipo de riesgos para la salud, tales como polvos y gases, ruidos o temperaturas inadecuadas.

Gracias a la educación y a la inversión en equipos más modernos, los empresarios han descubierto, desde hace años, que resulta más rentable mantener a sus trabajadores en las mejores condiciones laborales posibles, ya que, en caso contrario, pueden suceder accidentes que traen aparejadas consecuencias muy graves, como pagos por indemnización y tratamientos médicos; cambios en el sistema de organización al faltar un miembro del equipo; posibles denuncias por mal acondicionamiento del lugar; aumento en gastos de formación y administración; pérdida de moral entre el resto de trabajadores; caída en la calidad del trabajo, etc.

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(Fotografía: cortesía de Siemens Press Picture)

Salud y seguridad
Los órganos de dirección de las empresas más dinámicas han comenzado a aplicar programas de salud y seguridad en el entorno de trabajo lo más precisos y ambiciosos posibles, que buscan controlar todos los riesgos que se deriven del desempeño de la labor profesional. A grandes rasgos, estas iniciativas apuestan por la creación de comisiones y departamentos permanentes de salud y seguridad activa, formados por los propios obreros, en los que se valoren las necesidades que debe cubrir la empresa, y, de esta manera, poder comunicárselas a los mandos superiores para que tomen medidas.

Para Xavier Panera, responsable de calidad y medio ambiente de Celulosas Vascas, compañía que se dedica a la importación y distribución de artículos relacionados con la seguridad e higiene, “la salud de nuestros empleados es lo más importante, y por ello destinamos grandes sumas de dinero para su protección”. Además, se está fomentando enormemente la inversión en investigación de métodos más eficaces para evitar, al máximo, los accidentes laborales.

Carencia de datos
Se calcula que, cada año, se producen en el mundo más de 120 millones de accidentes laborales, de los que alrededor de 250.000 acaban con la muerte del trabajador. La falta de datos sobre este tema en muchos países en vías de desarrollo hace pensar que, probablemente, esta cifra sea mucho mayor. Sin embargo, en los países industrializados las tragedias en el trabajo han disminuido de forma progresiva en los últimos 30 años, gracias a las medidas tomadas en beneficio de la salud y la seguridad, en las que la participación activa de los trabajadores y la integración de los primeros auxilios ha sido fundamental.

En España, el número de muertes por siniestros laborales fue de 1.352 personas en 2006, 17 menos que el año anterior. En la última década, esta tasa se ha reducido en un 21%, logrando acortar el diferencial con la Unión Europea. Entre las pymes, el nivel de accidentes es un 20% mayor con respecto al resto de compañías. Desde enero de 2007, el Gobierno ha iniciado una campaña sobre prevención en la que se han invertido 3,5 millones de euros, bajo el lema “365 días sin accidentes de trabajo son buenos días para todos”, y que ha contado con anuncios en televisiones locales y nacionales.

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(Fotografía: cortesía de Siemens Press Picture)

La Administración
La legislación sobre salud y seguridad en materia laboral está muy desarrollada en España, ya que es la columna vertebral que protege a los trabajadores. Aun así, requiere de la constante vigilancia por parte de las autoridades para que su aplicación sea real. Los empresarios llevan mucho tiempo concienciados sobre esta cuestión y dedican anualmente grandes esfuerzos a mejorar las condiciones de sus trabajadores. El apoyo de la Administración en este ámbito es esencial a fin de incentivar todavía más esta labor. Por poner un ejemplo, hace unos meses, la Consejería de Empleo de Andalucía elevó hasta 18.000 euros las ayudas para que las pymes y constructoras andaluzas mejoren su seguridad laboral.

En España, hay multitud de leyes referentes a la seguridad en el trabajo:

– El Real Decreto 1/1995, denominado comúnmente Estatuto de los Trabajadores.
– La Ley 31/1995 sobre Prevención de Riesgos Laborales.
– El Real Decreto 5/2000 sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social.

La primera fuente de información de la legislación española, la Constitución, recoge, en su artículo 35, dentro de la sección II – De los derechos y deberes de los ciudadanos, que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo (…). La ley regulará un estatuto de los trabajadores”. Y, en su artículo 40, encuadrado en el capítulo III – De los principios rectores de la política social y económica, anuncia que “los poderes públicos fomentarán una política que garantice la formación y readaptación profesionales; velarán por la seguridad e higiene en el trabajo y garantizarán el descanso necesario…”

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(Fotografía: cortesía de Siemens Press Picture)

Prevención
En la Unión Europea, el acervo comunitario en materia de seguridad en el trabajo es amplio, aunque la Directiva 89/391 es la más trascendental, y se centra en la prevención. Mientras, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, creada en virtud del Reglamento 2062/94 del Consejo Europeo, tiene la labor de facilitar a los organismos comunitarios y a los Estados miembros, las informaciones técnicas, científicas y económicas objetivas, necesarias para la formulación y aplicación de políticas eficaces, destinadas a proteger la seguridad y la salud de los trabajadores.

Pero también es necesario destacar la importancia del propio comportamiento personal del individuo, que es el primero que debe procurar su bienestar. Actos como fumar, tomar drogas o ingerir alcohol afectan de modo directo al rendimiento en el trabajo, y ninguna medida que tomen los empresarios podrá ser efectiva si los propios empleados no son conscientes de este hecho. “Lo primero que hacemos es valorar la opinión de la gente, en lo que se conoce como investing people”, subraya Javier Pastor, responsable de la consultora Cuatro Global y Combisafe, “porque el coste de los accidentes laborales no es sólo económico y productivo, sino, sobre todo, humano”.

Un reto de todos
Por muy liviano o sencillo que pueda resultar a priori un trabajo, puede entrañar toda una serie de dificultades y riesgos que es preciso evaluar para evitar problemas a medio y largo plazo. La seguridad laboral abarca todo esto, siempre desde el paradigma de la salud física y mental, con objeto de prevenir las enfermedades más comunes del empleo, derivadas del polvo, los humos tóxicos, la tensión, el calor o el ruido, por poner algunos ejemplos. La creación y puesta en práctica de programas de seguridad en el trabajo debe tener como meta principal evitar todas las enfermedades y los accidentes relacionados con el desempeño de las distintas labores profesionales de los individuos.

Unas malas condiciones en el lugar de trabajo no implican únicamente lesiones físicas visibles, sino que derivan en toda una serie de problemas y males biológicos, psicológicos y ergonómicos. A causa de todo ello, y también por culpa de una deficiente planificación, la siniestralidad laboral continúa siendo una de las principales causas de muerte en el mundo, tanto entre las naciones ricas como en los países en vías de desarrollo. Para Antonio Teixidó, director de Man Industrial Teixidó, dedicada a técnicas de manutención, sistemas de seguridad y ergonomía, “el bienestar de nuestros empleados es salud para la propia empresa, prestigio y nombre de marca, algo que no pensamos dar de lado”.

El acercamiento de posturas entre la cúpula organizativa de una compañía y sus trabajadores es básico para obtener éxito en estos planteamientos. El compromiso de todas las partes, en especial de la dirección, en temas relacionados con la seguridad y la salud es básico, y la prevención es el paradigma que ha de mover todas las políticas puestas en marcha en este sentido. Sólo así podrán reducirse las tasas de accidentes laborales, algo a lo que las sociedades desarrolladas y el denominado Estado del bienestar deberían aspirar como uno de sus principales retos en este siglo XXI.