Tecnología para iluminar la industria

Los últimos desarrollos en sistemas de iluminación industrial se adaptan a las necesidades de las empresas, aumentando la vida útil del alumbrado al tiempo que reducen su consumo. Los más innovadores son la fibra óptica y los diodos emisores de luz (LED), que proporcionan, además, una mayor seguridad para operar en entornos críticos.

Es sabido que la luz natural constituye la mejor forma de iluminar cualquier tipo de ambiente. Sin embargo, las fábricas y naves industriales son un buen ejemplo de lugares donde se hace necesaria una gran cantidad de luz artificial, debido principalmente a que los puestos de trabajo requieren muchas horas de iluminación para mantenerse operativos. En muchos casos, además, se precisan intensidades lumínicas concretas, por razones tan variadas como la sensibilidad de los materiales con los que se trabaja o porque los espacios a alumbrar resultan de difícil acceso. Por esta razón, las últimas tecnologías en luz industrial permiten salvar las dificultades y adecuarse a las necesidades específicas de cada empresa, avanzando en temas tan esenciales como la seguridad de las instalaciones o el ahorro de costes.
El tipo de iluminación artificial más adecuado para cada empresa viene determinado por cuatro factores fundamentales: intensidad, duración, flexibilidad de los diseños y precio. Entre los sistemas más avanzados para proporcionar luz en entornos industriales destacan los LED (Light Emitting Diode o diodo emisor de luz), que ofrecen una larga vida útil a bajo coste; y la fibra óptica, ideal para ambientes críticos, ya que no transporta electricidad.

El empuje de la fibra óptica
Aunque su uso más conocido sea el de transportar información a gran velocidad en redes como Internet, la fibra óptica es uno de los sistemas de iluminación más avanzados que existe en la actualidad. En realidad, se compone de una gran cantidad de finísimas fibras transparentes, hechas de nuevos vidrios o materiales plásticos y elaboradas a partir de un complicado proceso industrial. Su función es transportar datos codificados en forma de luz, o bien la propia luz, sin apenas pérdida de intensidad y a larga distancia. Y, para ello, se basa en el principio de reflexión interna total: la luz que viaja por el núcleo incide sobre la superficie externa en un ángulo mayor que el ángulo crítico, de forma que se refleja toda hacia el interior.

La composición de un cable de fibra óptica se explica también a partir de este principio. El núcleo central, por donde se propagan las ondas luminosas, está hecho de filamentos de vidrio o plástico que tienen el espesor de un cabello. Está recubierto por la denominada funda óptica, compuesta por los mismos materiales y ciertos aditivos que no dejan escapar la luz del núcleo. Finalmente, estas dos capas están rodeadas por un revestimiento o protección mecánica que suele ser de plástico y preserva la fibra de las agresiones del entorno.

Pero la fibra óptica es un mero transmisor: la luz que transporta procede de fuentes externas como rayos láser, LED o, más comúnmente, lámparas de xenón y halógenas. La idea es sencilla: la fuente, conectada a la corriente eléctrica, transmite luz a la fibra y ésta la expulsa a través de un adaptador específico para cada tipo de aplicación. De esta forma, la fibra óptica puede alumbrar de forma puntual, desde uno de sus extremos, o lineal, a lo largo de todo su recorrido.

Sin rayos infrarrojos
Una de las cualidades que caracteriza a la fibra óptica es que no transporta electricidad, sino sólo luz, por lo que resulta adecuada en entornos críticos o subacuáticos. Por este motivo, es un sistema muy empleado en el alumbrado de fuentes y piscinas. Además, la fibra está compuesta de materiales ignífugos y no ocasiona alteraciones eléctricas ni electromagnéticas. Otra característica destacada es su capacidad de proporcionar luz de gran intensidad sin emitir calor, ya que apenas transporta rayos infrarrojos. Esto resulta muy útil para iluminar materiales delicados o sensibles al calor y para actuar en entornos deflagrantes, como polvorines, minas o almacenes químicos.

Con la apariencia de un alfiler, los LED son uno de los sistemas más innovadores del momento en iluminación industrial. Se trata de diodos emisores de luz compuestos por varias capas de material semiconductor. En realidad, un diodo no es más que un dispositivo que facilita el paso de la corriente eléctrica en una sola dirección. La peculiaridad de los LED, sin embargo, es que emiten una radiación proporcional a la corriente que reciben. Así, iluminan grandes espacios con mucha intensidad y un bajo consumo.

El primero en desarrollar un diodo de este tipo fue el ingeniero de General Electrics Nick Holonyak. En un primer momento, los LED sólo podían emitir luz roja o infrarroja, de modo que su uso se popularizó como indicador del estado en los aparatos electrónicos. Con el tiempo se fueron consiguiendo menores longitudes de onda y, por tanto, más colores. Finalmente, combinando diodos verdes, rojos y azules (los últimos en descubrirse y los más caros de producir) se llegó a conseguir luz blanca, lo que supuso un gran avance en la iluminación a través de estos dispositivos.

100.000 horas de vida útil
En definitiva, los LED son puntos luminosos que se utilizan frecuentemente en los mandos de control remoto y, sobre todo, como elementos de señalización, paneles informativos o semáforos. Los últimos modelos de coches también los incorporan en sus faros traseros y luces de freno. En cuanto a la iluminación, su mayor ventaja es su larga vida útil, de hasta 100.000 horas. Además, para dar luz, sólo necesitan un cable de alimentación y se pueden conectar a un sistema estroboscópico para que emitan destellos luminosos a una frecuencia predeterminada.

La seguridad de estos dispositivos los hace muy adecuados para espacios industriales, ya que funcionan a baja tensión y son resistentes a la humedad. Por otra parte, su forma compacta y reducido tamaño favorecen una enorme flexibilidad en el diseño de los sistemas de iluminación, ya que pueden proporcionar luz en lugares inaccesibles. También ofrecen muchas posibilidades en cuanto al ángulo de apertura del haz de luz, que puede alcanzar los 110º. Por último, no hay que olvidar otras ventajas como la posibilidad de controlar el funcionamiento de los LED de forma electrónica e, incluso, desde un PC.