Residuos radiactivos: presente y futuro

Por Victor CARDONA HITA

Residuos radiactivos - Central nuclear Sta Maria de Garoña

(Fuente: lacajarota.com)

En la actualidad, España cuenta con diez reactores nucleares repartidos en ocho centrales en activo. La actividad nuclear en nuestro país existe desde 1968 con la inauguración de la primera central nuclear (en vías de desmantelamiento), conocida con el nombre de José Cabrera y situada en la provincia de Guadalajara.

La producción de energía en las centrales nucleares genera residuos que se clasifican de diversas maneras según sus características, como por ejemplo, el estado físico, el tipo de radiación que emiten, etc. Teniendo en cuenta dichas características, la industria nuclear española considera dos grupos: residuos de baja-media y alta actividad. Los residuos de alta actividad son conservados en los contenedores y piscinas de las propias centrales nucleares. En cambio, el trato con el primer grupo es muy diferente, todos los residuos de baja-media actividad son transportados al único centro de almacenamiento de residuos radioactivos existente en España: El Cabril. El emplazamiento se sitúa en la provincia de Córdoba y su existencia se debe a la adecuación de una antigua mina de uranio abandonada ubicada en pleno corazón de la sierra cordobesa de Albarrana, en el término municipal de Hornachuelos, propiedad de Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos). Los residuos se almacenan en la superficie y no en profundos silos bajo tierra, en un modelo de instalación importado de Francia.

 Residuos radiactivos - el Cabril

Instalaciones del almacén de residuos de baja y media actividad de El Cabril. (Fuente: Enresa).

Actualmente, El Cabril se encuentra a la mitad de su capacidad, teniendo en cuenta que la central de almacenaje recibe residuos radiactivos también de hospitales, universidades y laboratorios, generando unos 3.000 bidones al año de material contaminado radiactivo. Si se mantiene un ritmo similar al actual (un camión al día, 240 días al año), en torno al año 2030 habrá rozado su capacidad máxima. Tiempo por el cual ya se prevé la existencia de las ansiadas Centrales Nucleares de fusión, mucho más limpias. Pero la única alternativa, en la actualidad, es aislar los residuos en celdas de hormigón, fabricadas a prueba de terremotos, esperando que las radiaciones se vayan apagando progresivamente.

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Pero, ¿qué ocurrirá cuando El Cabril llegue a su capacidad máxima? La respuesta es sencilla. El Cabril será cubierto totalmente con tierra, donde luego se fomentará la siembra de árboles y matorrales autóctonos, de manera que el paisaje no se vea afectado. Toda la masa de hormigón permanecerá sepultada bajo tierra durante 300 años, tiempo por el cual los residuos ya habrán dejado de emitir radiaciones.

Residuos radiactivos - Capacidad El Cabril

Datos actualizados de capacidad de El Cabril. (Fuente: Enresa)

Todo este método puede aparentar ciertos problemas para el futuro de la zona, pero debido a las medidas de seguridad que se toman, es todo lo contrario. Igor Peñalva, profesor del Departamento de Ingeniería Nuclear y Mecánica de Fluidos de la Universidad del País Vasco, declara en una entrevista en la versión online del diario Deia que no hay que temer ni los Almacenes Temporales Centralizados (ATC) ni los Almacenes Geológicos Profundos (AGP).

Los ATCs son instalaciones que están diseñadas para guardar en un único lugar el combustible gastado en las centrales nucleares y los residuos de alta actividad que se producen en España. Además, los ATCs y AGPs no generan ningún tipo de energía ni son contaminantes. El proyecto para la construcción de la primera instalación de este tipo en España asegura la creación de unos 300 lugares de empleo, y su funcionamiento garantiza más de un centenar de trabajos estables durante 60 años. Otro punto en positivo que Peñalva asegura es que este tipo de emplazamiento no supone ningún riesgo, porque se interponen barreras entre el combustible gastado y la atmósfera, haciendo imposible el escape de radiactividad al exterior. Y añade que preferiría vivir al lado de una central nuclear o de un ATC/AGP antes que de una térmica. Puesto que el dióxido de carbono (CO2) que emite una central térmica permanece en el aire de las zonas colindantes y que es respirado por la sociedad.

Como conclusión, quisiera dedicar especial atención a las declaraciones de Igor Peñalva puesto que la previsión que lanza sobre el tipo de energía que se usará en el futuro es clara y concisa. Las energías serán renovables y nucleares. Una mezcla de ambas porque las renovables suponen la dependencia del clima y las nucleares suplirían este vacío, aunque lo ideal sería abastecernos cien por cien con energías renovables. La construcción de Almacenes Temporales Centralizados y la necesidad de una nueva política de transportes de residuos nucleares es una cuestión que debe ocupar parte importante de las actuaciones futuras. Una mirada previsora que supone un análisis de las posibilidades actuales y las dificultades con las que nos podamos cruzar. Mientras tanto, hay que ser optimista y depositar confianza en los próximos avances en el desarrollo de las energías.

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Caso práctico con la empresa Asecos, S.L.

La empresa Asecos, S.L. se encarga de proporcionar ayuda al personal de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos). Asecos colabora con el personal responsable de los diferentes departamentos para reubicar y clasificar los diferentes productos existentes y pertenecientes a los diversos departamentos de dicha central. Estos productos se pueden agrupar en materiales cuyo uso se destina a las zonas calientes o frías de la central. Podríamos decir que se encargan de agrupar los diferentes lubricantes, pinturas, disolventes, gasolinas, etcétera, no solo por su clasificación como producto químico de acuerdo a la legislación vigente y sus correspondientes fichas de seguridad sino por la utilidad dentro del centro.

En cuanto a las medidas de seguridad, Asecos asegura que para el caso de la central nuclear de Santa María de Garoña, se suministraron 2 almacenes exteriores con resistencia al fuego de 120 minutos con puertas equipadas con elementos de cierre automático en caso de incendio, iluminación antideflagrante, cubeto de recogida de vertidos accidentales y otras medidas de seguridad adicionales. Además, el interior de los almacenes está acondicionado para poder ubicar los diferentes envases existentes teniendo en cuenta su manipulación y dosificación. De esta manera el usuario dispone de diferentes tipos de estanterías para colocar los envases en posición vertical u horizontal y otras zonas acondicionadas para los elementos auxiliares tales como bombas de trasiego. Siempre teniendo en cuenta que el almacenamiento de productos químicos se rige por el Real Decreto 379/2001 donde se establecen una serie de Instrucciones Técnicas Complementarias (ITCs) especialmente orientadas a los principales grupos de productos existentes.

El almacenamiento de productos radiactivos como consecuencia de la actividad de la central nuclear se realiza por otras empresas, puesto que no se incluye en el proyecto el almacenamiento de este tipo de residuos. En cambio, otros clientes de Asecos tales como los gestores de residuos no vinculados con Centrales nucleares, pero que pueden disponer de productos radiactivos en su funcionamiento, les suministran armarios de seguridad construidos bajo las directrices indicadas por el ente competente y basados en una plancha exterior de acero inoxidable con una capa aislante de plomo de grueso variable en función de los productos a almacenar (en función del tipo de radiación).