LGV: siglas en movimiento

El LGV (vehículo guiado por láser) circula solo por los entornos industriales y logísticos transportando todo tipo de cargas de una zona a otra gracias a su sistema de navegación por láser. En este artículo explicamos su funcionamiento y las múltiples modalidades que se comercializan en el mercado.

En las plantas productivas, en los almacenes, en los centros de distribución… siempre es necesario resolver el movimiento de cargas entre unas áreas de trabajo y otras. Tradicionalmente, para estas tareas se ha utilizado maquinaria de manutención que se mueve a las órdenes de un operario, que a su vez sigue las órdenes de un sistema informático cuya misión es gestionar la operativa concreta en cada caso. Sin embargo, en muchas ocasiones es posible optimizar todos estos movimientos, y principalmente incrementar el flujo de trabajo y las frecuencias, con el uso de vehículos guiados automáticamente (AGV).

Hoy, estos vehículos transportan mercancías paletizadas, productos en fase de fabricación y montaje como son los automóviles, bobinas y un largo etcétera de unidades de carga. Cabe mencionar que son especialmente adecuados en aquellos espacios en los que el flujo de los materiales es continuo y repetitivo, siendo usual que se trate de carga que se ha de manejar con cuidado. Además, pueden integrarse tanto en entornos convencionales como automatizados.

LGV

El láser camina
En esta ocasión, de la gran familia que componen los AGV, destacamos el LGV (vehículo guiado por láser) porque es posible que se esté convirtiendo en el que más se está usando en el ámbito industrial y en el logístico.

Este tipo de vehículo se distingue de los demás gracias a su sistema de navegación. Y es que dispone de un medidor de distancia por láser colocado en un sistema rotatorio que “barre” de forma continua la zona de trabajo en la que se halla buscando referencias de posición. En concreto, estas referencias son pequeños cuadrados adhesivos de material reflectante situados tanto en las paredes como en los objetos fijos que se distribuyen a lo largo del recorrido que debe hacer el LGV.

Para conocer dónde se encuentra calcula su posición por triangulación, es decir, mide la distancia con respecto a tres referencias o adhesivos reflectantes. En realidad, es una copia del sistema de posicionamiento espacial que utiliza el murciélago. La diferencia estriba en que tales máquinas han sustituido los ultrasonidos que emiten estos mamíferos nocturnos por el láser. La ventaja de estos vehículos de carga es que se pueden delimitar sus trazados con una altísima exactitud porque las referencias a partir de las cuales se efectúan las medidas permanecen inmóviles.

Control del tráfico
Otro aspecto del LGV, y de los AGV en general, es la gestión del tráfico de las unidades que van a circular por el recinto de trabajo. Para ello se hace necesario gestionar las rutas de cada uno en particular dependiendo del número en juego y de las órdenes en curso.

En definitiva, el objetivo es alcanzar la máxima productividad. La tarea se complica cuanto más largo es el recorrido que los vehículos han de desarrollar y cuando se multiplican las operaciones. El sistema de gestión ha de ocuparse incluso de en qué situaciones una máquina debe ceder el paso a otra.

LGV 2

En cuanto a dicho sistema de gestión o control, puede ser de dos tipos: centralizado y descentralizado. En el primero, un ordenador central se encarga de indicar la velocidad, el recorrido, las paradas y las tareas (carga o descarga, por ejemplo) de cada vehículo teniendo presente la situación y las ocupaciones de los demás. En el segundo o descentralizado son las mismas máquinas las que incorporan su propia unidad de control. En este caso, cuando dos unidades se vayan a encontrar en un punto de intersección se comunican entre ellas para decidir cuál debe ceder el paso.

Tendencias
Actualmente, en todo el campo industrial y logístico, la flexibilidad se sitúa en una de las primeras posiciones en la lista de objetivos y necesidades. La operativa diseñada para hoy tal vez no sea válida para mañana. Por este motivo, los LGV pueden convertirse en unos
excelentes aliados ya que es posible modificar en un breve espacio de tiempo las funciones y los recorridos que realizan.

En otros AGV la flexibilidad no es tan alta. Los vehículos filoguiados, por ejemplo, funcionan con una antena que sigue la frecuencia que emite un hilo conductor enterrado en el pavimento a unos 2,5 cm de profundidad, el cual determina el camino a emprender. Es evidente que, en este caso, un cambio en los trazados supone volver a enterrar otros hilos con un coste superior a una posible nueva disposición de las pegatinas reflectantes con las que se guían los LGV.

Para saber más:

El escaparate
Los LGV están preparados para mover un elevado número de cargas. Para recogerlas y entregarlas, dependiendo de los entornos de trabajo, cuentan con múltiples sistemas como rodillos, horquillas, transferencia por cadenas, etc. Sin embargo, se puede hacer una división en tres grandes grupos: los vehículos con uñas (para paletas y cargas redondeadas); los tows o remolcadores, que arrastran carros de carga; y los vehículos de unidad de carga empleados para transportar grandes pesos y mercancías que requieren más estabilidad, para lo que se emplean rodillos, cadenas o bandas. En cuanto a las mercancías, están habilitados para circular con unidades que alcanzan hasta los 30.000 kg. Hoy, el mercado ya es amplísimo.

Por ejemplo, la compañía francesa BA Systèmes ha lanzado el CM4, un LGV apto para transportar hasta cuatro paletas, muy útil para la evacuación del producto terminado en las cadenas de producción y el envío de la mercancía a las zonas de expedición o de almacenaje. Otro de sus modelos, el GF, incorpora un mástil y unas uñas con las que se recoge la mercancía tanto de estanterías como directamente del suelo.

Por su parte, la empresa Bama, con sede en Villaverde (Madrid), ha centrado sus esfuerzos en la fabricación de todo tipo de AGV, incluyendo los LGV, pero diseñados a la medida del cliente. Es decir, no cuenta con un catálogo de vehículos concretos sino que bajo pedido produce la máquina que se adecue perfectamente a las necesidades y exigencias de la operativa. Claro está, teniendo siempre presente el tipo de producto que hay que transportar, su peso, el ambiente de trabajo, etc.

Cassioli, como especialista italiano de la manipulación, también comercializa LGV. En particular, dispone de vehículos con plataforma de transporte (rodillos, banda, cadenas, etc.), con horquillas o especiales para cargas singulares o de gran peso. Por último, la firma BA Systèmes España oferta este tipo de vehículos. En concreto, LGV para paletas, con plataforma o para transportar dos paletas a la vez, y máquinas de material inoxidable especialmente diseñadas para el sector de la alimentación. Dependiendo de los modelos, están capacitados para transportar de 1 a 10 t, alcanzando una velocidad de hasta 1,5 m/s y trabajando con una altísima precisión de (± 5 mm).

Una premisa: la seguridad
Los vehículos guiados por láser o laserguiados (LGV) y, en general, los AGV circulan de forma autónoma por entornos en los que también trabajan personas. Por tanto, además de estar diseñados para no salirse de los recorridos definidos, están equipados con dispositivos de seguridad (bumpers) que pueden detectar objetos fijos y en movimiento, lo que determina su parada inmediata en caso de obstáculos imprevistos. Igualmente, estos vehículos están preparados para anticiparse a las posibles curvas que se encuentran en su camino y a las paradas que deben efectuar reduciendo su velocidad con la suficiente antelación. Incluso son capaces de acelerar en los trazados rectos para aumentar la productividad.

Tal como subraya la MHIA (Material Handling Industry of America), una organización sin ánimo de lucro, compuesta por fabricantes y proveedores norteamericanos de equipos de manutención y logística, los AGV proporcionan un ambiente de trabajo más seguro; sus recorridos están restringidos y cuentan con los sistemas de seguridad más adecuados. Por otra parte, esta asociación también asegura que al utilizar menos espacio para moverse, es posible aprovechar mejor las instalaciones. Pero una de las ventajas más significativas, según esta misma organización, es que una vez que la carga está en poder de los AGV es completamente trazable y se puede saber en todo momento en qué lugar se halla.