La segunda edad dorada de Internet

Consultar el correo, escribir documentos en un procesador de textos, acceder a un escritorio virtual, firmar contratos… Son algunas de las funciones que se pueden llevar a cabo con la ayuda de un ordenador con conexión a Internet y un navegador. Se trata de las nuevas herramientas creadas con la filosofía denominada Web 2.0.

Hablar de filosofías de desarrollo de aplicaciones en Internet no suele ser muy atractivo más que para los propios profesionales que están detrás de la programación o la comercialización de estos instrumentos. Sin embargo, cuando se echa un vistazo a las herramientas que se han concebido teniendo en cuenta los principios de los que parte la denominada Web 2.0 (ver Señas de identidad…), la conclusión a la que se llega rápidamente es que, signifique lo que signifique ese término, una buena parte de las aplicaciones asociadas con él son interesantes, prometedoras y productivas.

Por ejemplo, puede que un editor basado en web no resulte, en principio, una gran ventaja si casi cualquier equipo informático de la empresa cuenta ya con un paquete de programas ofimáticos. Pero cuando se aplican los principios de la Web 2.0, la aplicación empieza a revelarse como una herramienta más atractiva que la versión de escritorio.

Trabajo coordinado
Así, los editores de texto on-line como el de Google (docs.google.com) o el de gOffice (www.goffice.com) permiten trabajar sobre un mismo documento desde cualquier ordenador con conexión a la Red y un navegador, sin necesidad de enviarlo por e-mail ni a un servidor en Internet, ni tampoco guardarlo en ningún tipo de soporte. En segundo lugar, la empresa que aloja el servidor en el que se almacena el documento tiene una peculiaridad: está muy especializada en lo que hace y normalmente cuenta con sistemas de seguridad ante virus informáticos, robos o catástrofes al mismo nivel que las grandes compañías.

Pero al margen de estas cuestiones, el verdadero potencial de los editores de texto on-line estriba en que se puede trabajar en equipo sobre un mismo documento. Por ejemplo, un grupo de ingenieros trabajando en un escrito con las instrucciones de un aparato pueden colaborar en la redacción sabiendo en todo momento cuáles son los cambios efectuados por los demás, cuándo los hicieron, compararlos, rechazarlos, volver a la versión anterior, etc. Además de ganar en agilidad y en claridad, el método en cuestión elimina la indeseable y habitual costumbre de enviar diferentes versiones del mismo documento de un e-mail a otro, de un usuario a otro, y se evitan las ediciones paralelas, que luego hay que unificar en una sola. En resumidas cuentas, se consigue una gran efectividad.

Enciclopedia propia
Esta ventaja que ofrecen las aplicaciones web, el trabajo colaborativo, hace que estas herramientas sean especialmente competentes en entornos profesionales y empresariales y en ámbitos tan dispares que van desde la administración a la ingeniería.

Aprovechando esta capacidad de colaboración que ofrece Internet, hay otro tipo de aplicaciones para generar documentación de referencia que tímidamente comienzan a plantearse como un interesante recurso que las empresas pueden aprovechar. Se trata de los wikis, enciclopedias u obras de referencia en las que todo el mundo aporta información y todo el mundo edita. Por ejemplo, cada pieza que compone una máquina puede tener su propio artículo, su propia documentación. Se pueden ir incorporando detalles sobre una pieza cuando surja la necesidad, a la vez que ingenieros dedicados a otros elementos pueden sumar enlaces y artículos relacionados con esa nueva pieza, con páginas web de la competencia o con los sitios de proveedores en Internet.

En suma, es posible tener una enciclopedia propia sobre los aspectos que más interesen a la empresa, en constante actualización, ampliación y uso por parte de los propios empleados.

Fácil acceso
Otra de las grandes ventajas de las aplicaciones basadas en web es la facilidad con la que se puede acceder a ellas desde cualquier lugar y prácticamente desde cualquier ordenador. Ésa es la principal baza de eyeOS (www.eyeos.com), una aplicación que está recibiendo elogios en la prensa especializada de medio mundo, especialmente de la norteamericana. Con eyeOS se puede crear un escritorio virtual desde el que se accede a un procesador de textos, un calendario, una agenda de contactos, calculadora, correo electrónico, navegador web, lector de noticias, chat, mensajería instantánea, directorios compartidos, reproductores multimedia y otras aplicaciones, incluso a programas de ocio.

Este sistema operativo basado en web ha sido desarrollado principalmente en España por un joven grupo de programadores, Pau García-Milà, Marc Cercós y David Plaza, con la ayuda técnica del francés Hans B. Pufal. Según comenta otro de los componentes del grupo, Eduardo Pérez, responsable del desarrollo de negocio de eyeOS, la aplicación es potencialmente muy interesante para el entorno empresarial: “En lugar de tener estaciones de trabajo completas, éstas se pueden sustituir por terminales que acceden a un servidor. Además, si se tiene que instalar un programa nuevo para todos los usuarios sólo hace falta efectuar esa operación en el servidor y automáticamente todo el mundo conectado por este sistema podrá empezar a utilizarlo”. Un solo servidor puede dar servicio a 70.000 usuarios a la vez.

En el caso de profesionales que tengan que desplazarse con asiduidad, éstos pueden acceder a su escritorio desde cualquier ordenador, lo que significa que podrán disfrutar de los favoritos de su navegador; los canales de noticias a los que estén suscritos; las carpetas con sus documentos o ficheros de todo tipo, su agenda… Es decir, podrán hacer uso del mismo escritorio que visualizan en su puesto fijo.

Si bien aún queda por afinar algunos aspectos técnicos y visuales, el eyeOS es totalmente utilizable en la actualidad y, lo que es más importante, plantea un potencial real por el hecho de que, según comenta Eduardo Pérez, “hay miles de aplicaciones libres (muchas de ellas gratuitas), que se pueden integrar en eyeOS en menos de una hora”.

Solucionar contratos
Si eyeOS permite llevarse virtualmente el escritorio del ordenador a cualquier parte, Tractis (tractis.com), elaborado por una joven empresa, Negonation, se concibió para solucionar desde el propio escritorio una de las cuestiones más peliagudas en las compañías: la generación, negociación y firma de contratos.

Tractis es un sistema concebido con la idea inicial que tuvieron sus fundadores “ser capaz de crear una capa de abstracción por encima de la legislación y de la propia tecnología”, relata David Blanco, fundador de la firma; lo que en términos prácticos significa construir una aplicación que tenga validez jurídica y que sea fiable y sencilla de utilizar. “Se puede elaborar un contrato; invitar a las partes implicadas para que lo revisen; crear equipos de negociación; habilitar a editores (usuarios con poder para modificar el contenido del documento); o incluso invitar a asesores externos invisibles (es decir, que pueden acceder al documento sin que la otra parte lo sepa, tal y como ocurre en el mundo real), así como designar quién puede firmar finalmente el acuerdo”, analiza Blanco.

Al igual que ocurre con los editores de texto on-line, un sistema así evita envíos de documentación, distintas versiones y se puede trabajar al unísono en un único documento, revisar los cambios y tener un histórico de los mismos.

Más allá de lo técnico
Los desarrolladores de la aplicación ya se han planteado otras ampliaciones de los servicios que trascienden lo meramente técnico: Library será un repositorio o biblioteca con plantillas de contratos tipo listos para rellenar y firmar, mientras que Notifications aportará un servicio de notificaciones seguras. “Incluso se podrá estipular que en el caso de disputa se acuda a un árbitro designado objetivamente a través de Tractis”, describe el fundador de Negonation.

Si todas estas características se combinan con la cantidad de contratos que se firman hoy por correo en distintos ámbitos de negocio –aseguradoras, bancos, telecos, oficinas…– y las transacciones que se efectúan entre particulares –subastas, por ejemplo–, el potencial de una herramienta así es innegable. Por ahora, habrá que esperar a los primeros meses de 2007 para disfrutar de este interesante instrumento, que llega en el mejor momento, porque el DNI electrónico ya es una realidad en España y en pocos años cualquier ciudadano podrá firmar electrónicamente con completa validez jurídica, tal y como de hecho ya lo reconoce la Unión Europea.

Redes sociales
Una oficina virtual, como la que propone eyeOS y un sistema que posibilita la negociación y la firma de contratos a través de la Red, como el de Tractis. Sin duda, se trata de dos herramientas que pueden ahorrar costes y mejorar la productividad de las empresas. Sólo faltan los contactos que agregar a la agenda, con los que negociar y con los que rubricar los acuerdos. Y en eso también puede echar una mano la web, gracias a servicios de contactos profesionales como los que ofrecen las redes sociales del estilo de eConozco (www.econozco.com).

El funcionamiento de las redes sociales –en este caso, profesionales– en Internet es sencillo. Una vez dado de alta –en algunas web se hace de manera abierta y en otras mediante estricta invitación de alguien que ya esté dentro–, el usuario introduce sus datos relevantes como la trayectoria profesional, los estudios, las habilidades, etc. A su vez, el nuevo miembro invita a sus propios conocidos a registrarse, mientras que a través de otros usuarios del servicio obtiene nuevos contactos. La idea no es sólo llegar a profesionales difíciles de contactar por otros medios, sino que la diferencia la marca el ser avalado por otros miembros.

En la Red existen varios sitios que ofrecen esta clase de servicio. Elegir uno u otro depende del tipo de contacto que se desea realizar y del perfil del usuario medio. No siempre un volumen mayor de profesionales registrados significa que todos vayan a ser contactos interesantes, o que sus pretensiones sean las que se esperan. Hay redes en las que existe un gran número de usuarios que llegan a otros sólo para demandar empleo, por ejemplo. En otras, como es el caso de eConozco, afirma Albert Armengol, uno de los fundadores del servicio, “contamos con 150.000 usuarios y el perfil es el de un profesional medio o medio-alto que entiende el concepto de networking”.

Contactos y ‘head hunters’
Armengol indica que la red de eConozco “se usa sobre todo para contratar a gente y para acceder a otros directivos a través de contactos personales de confianza. También tenemos muchos head hunters”. Para salvaguardar el carácter de exclusividad en los contactos entre directivos, la aplicación da la posibilidad de crear grupos cerrados a los que sólo se puede entrar mediante invitación, formando auténticas redes dentro de la red principal. eConozco facilita incluso versiones personalizadas de su servicio para las empresas que lo deseen.

En definitiva, estos ejemplos –sólo unos pocos de los cientos que hay divididos en todo tipo de categorías– muestran que las web que se están desarrollando tras el pinchazo de la burbuja tecnológica de 2001, aún resultando más prometedoras que aquellas primeras del boom de las puntocom, están centradas en lo que verdaderamente importa en cualquier producto: que sea útil para el usuario y que represente un verdadero valor añadido a la actividad (profesional o no) diaria.