La productividad no es suficiente

La respuesta que están dando un buen número de empresas industriales españolas a la presión competitiva global no puede ser más encomiable. Están logrando significativas mejoras de productividad gracias a que se encuentran inmersas en un proceso de modernización de sus operaciones, aplicando modelos de producción flexibles –tipo just-in-time–, junto con tecnología y sistemas de información integradores, como los ERP (sistema global de planificación de recursos).

Pero para competir en el dinámico entorno global de hoy, la productividad no es suficiente. Muchos productos industriales, indiferenciados entre ellos, se enfrentan a una incesante competencia en precio, y rivalizar sólo en eso resulta muy arriesgado. Se requiere, pues, de nuevas estrategias para mejorar la competitividad y diferenciarse, siendo una alternativa interesante la de complementar los productos con servicios.

La orientación de la industria hacia los servicios tiene su fundamento en varias razones. Primero, porque los servicios son procesos de alto valor añadido, que necesitan un uso intensivo de tecnologías de información y personal cualificado, lo que retiraría a las empresas industriales que compitan con servicios de la franja de competencia por costes.

Generar más ingresos
En segundo lugar, los servicios son una oportunidad para generar nuevos ingresos, las sociedades con servicio posventa/mantenimiento, por ejemplo, lo saben bien. En tercero, los servicios favorecen la lealtad de los clientes, un importante estabilizador de los ingresos. Y, finalmente, permiten estar más cerca de los clientes y anticipar así sus necesidades, lo cual brinda una excelente oportunidad para la innovación, sólido atributo ganador de cuota en cualquier mercado.

Y hacia esa orientación a los servicios ha de tender la industria española, o más bien acelerarla, pues ya las compañías más innovadoras están en ello. Pero para que los servicios tengan todo su potencial competitivo, además de la tecnología y las personas precisas, es necesario diseñar los procesos adecuados, sincronizarlos con los de producción, y asegurarse de que funcionen consistentemente. La industria española sabe muy bien de eficiencia y efectividad en la fabricación de productos, ¿podrá reproducir este conocimiento en los servicios? Ahí está el reto.