La oportunidad histórica de Argentina

Argentina vive su mejor momento económico desde hace 50 años. El país crece a un ritmo del 8% anual impulsado, principalmente, por las exportaciones de materias primas y de servicios. Esto en el lado del haber; en el del debe la inflación sigue en tasas muy altas (15%) y el intervencionismo y la corrupción continúan presentes en la sociedad.

Buenos Aires nocturno
Foto: cortesía de Siemens Press Picture

En Argentina se están dando todas las condiciones para que a largo plazo se inicie una transformación de su economía. Cristina Fernández, presidenta del país, puede aprovechar una oportunidad histórica.

Desde mediados del siglo XX, Argentina nunca estuvo mejor. A partir del año 2003 la economía progresó rápidamente (a una tasa media anual superior al 8%). Los elevados precios internacionales de los productos agrícolas y mineros, la creciente demanda proveniente de China y una moneda competitiva están impulsando las exportaciones. Esta concurrencia de factores posibilitará que, en este año, 2008, se registre otro superávit comercial y en la cuenta corriente. El incremento de los excedentes de la cuenta corriente constituye un rasgo característico del período 2002-07. Como consecuencia de estos fuertes ritmos de crecimiento los niveles de pobreza y desempleo han descendido. La inflación, en cambio, se mantiene en índices muy superiores al 15% anual.

Durante la presidencia de Néstor Kirchner, la política económica del país ha guardado gran semejanza con el populismo intervencionista común en América Latina en la década de los años setenta y ochenta. El Gobierno saliente introdujo una política de control de precios que ha impedido a las compañías de servicios elevar sus tarifas poniendo en serio peligro la continuidad y la calidad del servicio (Aguas de Barcelona se fue del país). De esta forma, se ha venido tapando la presión inflacionaria. A ello se une una serie de restricciones aduaneras y arancelarias a los productos importados, como por ejemplo los provenientes de China, con el objetivo de proteger la industria local frente a bienes de consumo extranjeros de bajo costo.

Intervencionismo
Estas restricciones cierran la economía al exterior y generan una mayor inflación. La ausencia de ortodoxia económica se ha manifestado también en una política monetaria excesivamente laxa, con tipos de interés reales negativos, gasto público desbordado, y tipo de cambio muy intervenido para mantenerlo debilitado.

Todos estos factores han sido considerados por los empresarios como una fuerte intervención del Estado en la economía que distorsiona los incentivos del mercado; distribuye inadecuadamente los recursos; introduce un fuerte elemento de imprevisibilidad en las empresas y ahuyenta las inversiones extranjeras. Desgraciadamente, las situaciones de intervención no solo impiden la competencia sino que generan corrupción. En los índices de transparencia y de libertad económica, Argentina figura en los puestos más bajos. En 2007, la consultora Transparencia Internacional la juzgaba como muy corrupta: ocupa el puesto 105° entre 160 países. En un ranking de cero a diez –en el que cero es un país altamente corrupto y diez, altamente transparente–, Argentina ha sido calificada con 2,9 puntos, a una distancia sideral de Chile (7); el país más transparente de América Latina.

Los mayores precios de los bienes exportados y la acentuada expansión de la demanda interna repercuten mucho sobre la inflación, en una economía en la que los márgenes de recursos ociosos son mínimos. El Gobierno anterior, para poder manipular los datos oficiales de inflación, desplazó a varios presidentes y funcionarios de carrera del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Por eso el nuevo ministro de Economía, Martín Lousteau, comenzó a trabajar en la normalización del INDEC con el objetivo de acercar la inflación oficial a su verdadero nivel real.

El nuevo ministro deberá ser realista, pragmático y plenamente consciente de los límites de la política económica a fin de dar así mayores niveles de credibilidad a los mercados y a los inversores. Para ello, Martín Lousteau tiene que abrir la economía al exterior en vez de cerrarla, incorporar más competencia en el sistema productivo interno, luchar contra la inflación, alcanzar un mayor superávit fiscal y mantener el crecimiento económico a través de las exportaciones y la entrada de capital extranjero.

Crecer al 8%
En 2007, la actividad económica del país volvió a mostrar un fuerte crecimiento. La variación del PIB fue similar a la de 2006 y superó el 8%; con lo que se prolongó la larga fase expansiva que siguió a la crisis de comienzos del decenio. El PIB es ahora un 25% superior al máximo registrado en 1998. En 2007 se observaron también aumentos considerables en la inversión privada. Por su parte, el empleo continuó elevándose apreciablemente. Hacia fines del año, la tasa de paro se redujo en casi un 8%, situación que se reflejó también en incrementos salariales. La incidencia de la pobreza y la indigencia siguieron disminuyendo, a un 23,4% y un 8,2% de la población, respectivamente, en el primer semestre de 2007, en comparación con un 54% y cerca del 28% cuatro años antes. Para 2008, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) estima un desarrollo económico del 6,5%.

El secreto del éxito argentino radica en la exportación. Se exportan cada vez más materias primas (soja, energía, y no productos cárnicos como se cree…) y servicios (turismo, programación de software, publicidad y servicios de call center). El turismo se ha convertido ya en la tercera fuente de divisas del país. Mientras las condiciones externas sigan mostrándose favorables en cuanto a la evolución de los precios de las exportaciones, la economía seguirá expandiéndose.

En 2007, las exportaciones de bienes rozaron casi los 64.000 millones de dólares y la exportación de servicios acusó también un notorio dinamismo. Los flujos de capitales arrojaron un saldo neto positivo, pese a las salidas de capitales del sector privado en ciertos momentos del año, ante la incertidumbre financiera internacional y la proximidad de las elecciones presidenciales.

El Banco Central está interviniendo mediante la compra de grandes cantidades de divisas lo que se reflejó en una voluminosa acumulación de reservas, mientras que el peso registró una depreciación, ligera respecto del dólar, y más intensa en relación con las monedas de otros socios comerciales.

Mejores cosechas
Los bienes de equipo crecieron en 2007 a un ritmo acelerado (más de un 20% en el primer semestre del año), lo cual se correspondió con la evolución del volumen de importaciones de bienes de capital, 25%. Esta es una buena noticia ya que si Argentina sigue desarrollándose al 8% anual necesitará aumentar su aparato productivo. También, destacó el repunte del sector agropecuario, gracias a la notable acentuación de la producción de cereales. La cosecha obtenida en la campaña 2006-2007 fue de 94 millones de toneladas, un 22,5% más que en la anterior. Se incrementaron sobre todo las cosechas de soja (17,5%), maíz (50%) y trigo (16%).

En relación al segmento ganadero, la política económica siguió dando prioridad al abastecimiento interno de carne de vacuno frente a las exportaciones, sobre las que se mantuvieron ciertas restricciones. En 2007 la minería fue una evidente excepción con respecto a la difundida expansión del producto, dadas las disminuciones de los volúmenes extraídos de petróleo y gas natural.

La industria del automóvil acrecentó sensiblemente su producción lo que favoreció a la rama metalmecánica dedicada a la manufactura de piezas de automóviles. Se observaron, asimismo, significativas alzas de la producción de maquinaria agrícola y de bienes de consumo duradero. Algunas divisiones de la industria química se vieron afectadas por las restricciones del abastecimiento de gas. En ciertos momentos de 2007, la oferta de gas no alcanzó a satisfacer la demanda, por lo que se dio preferencia al suministro domiciliario. La demanda de energía eléctrica presionó también sobre la capacidad de generación; los grandes usuarios recurrieron a la generación de electricidad por cuenta propia. Finalmente, la regulación, los precios y las inversiones en el sector de la energía son cuellos de botella al crecimiento económico argentino.

Para saber más:

Un buen año en el horizonte
La economía argentina presenta buenas perspectivas para 2008, a menos que ocurra algo verdaderamente inesperado. Muy probablemente, la producción de bienes y servicios continuará creciendo; y tras ella, el desempleo seguirá su ritmo descendente. Los problemas de la economía en 2008 se relacionan con la corrupción, la inflación y la desigualdad en la distribución de la renta.

Al Gobierno se le abre una oportunidad. Con mayoría en ambas cámaras y casi absoluta en el Congreso, posee un amplio margen de maniobra y un clima propicio de gobernabilidad, que le permiten reducir los niveles de corrupción y de incertidumbre económica que, desde hace años, frenan las inversiones nacionales y extranjeras.

La presidenta, Cristina Fernández, tiene que dar la imagen de que Argentina es un país que cumple sus contratos, paga sus deudas y respeta los derechos de propiedad. Efectivamente, cuando los gobiernos son limpios y democráticos, la Administración Pública es eficiente y se suprimen los favoritismos y los trámites burocráticos excesivos, se fomenta la competencia, las regulaciones son útiles, las instituciones y los jueces independientes y hay seguridad jurídica. Es entonces cuando los países se hallan en mejor disposición para atraer a la inversión extranjera.