La inmótica entra en la fábrica

Ahorro, eficiencia, modernidad, ecología, centralización. Estas son algunas de las ventajas de fundir todos los sistemas presentes en una industria en uno solo gestionado mediante inmótica, la domótica aplicada a la empresa. Una tendencia todavía en proceso de definición pero con vocación de éxito.

Bienvenidos a la empresa del futuro. Un lugar en el que los accesos al recinto se controlan automáticamente sin necesidad de fichar al estilo tradicional; donde se ha conseguido lograr el ahorro energético máximo; donde la climatización, la seguridad y la iluminación se manejan desde un dispositivo único; y donde el aprovechamiento de los recursos humanos es total gracias a un entorno laboral perfecto, ergonómico y respetuoso. No es solo fruto de nuestra imaginación. La vertiente de la domótica aplicada a las construcciones no residenciales, la inmótica, ha logrado introducir en el ámbito de la industria y la empresa algunas de las comodidades que nacieron para ser introducidas en los hogares. El resultado es una tendencia, todavía incipiente, con visos de generalizarse en menos de un lustro.

Edificio de Siemens
(Fotografía cortesía de Siemens)

Las razones de este apogeo en la utilización de la inmótica son claras. Por un lado, la necesidad de adaptarse a las exigencias del Protocolo de Kioto para frenar la emisión de gases CO2 llevó a la Administración española a empezar a usar la domótica en sus edificios oficiales. Esto ha servido también de modelo al sector privado, que observó no solo las ventajas de cara al medio ambiente, sino una mucho más pragmática y decisiva. La inmótica es una de las claves para lograr un mayor ahorro energético en un panorama de eventual escasez gracias a su capacidad de generar sistemas de total eficiencia.

Ahorrar el 25%
“Aunque todavía es difícil cuantificar el ahorro energético que se consigue gracias a las instalaciones de inmótica, sabemos que no es inferior al 25% del gasto total de un edificio de oficinas al uso. Si nos referimos únicamente a la climatización, la principal partida energética de los recintos laborales, estamos hablando de una reducción en torno al 50% gracias a los sistemas inteligentes que brinda la inmótica”, comenta Juan Carlos Ciudad, gerente de la empresa Zennio, una de las primeras compañías fabricantes de sistemas y productos de inmótica. “Este ha sido el ingrediente que ha llevado a la industria y también a la empresa a interesarse por un sector que no se ha promocionado todavía lo suficiente”, concluye.

Este ahorro energético es posible gracias a varios factores. En primer lugar, la eficiencia que produce la centralización de todos los sistemas que necesita el edificio. “La ventaja que aporta la inmótica hoy radica, por ejemplo, en la posibilidad de gestionar desde un mismo dispositivo la climatización, la seguridad, la iluminación y el control de accesos. Gracias a esta unificación conseguimos, por ejemplo, que sólo haga falta una persona responsable para ocuparse de todos estos servicios de un edificio. También evitamos que se cometan errores por la complejidad de muchas redes funcionando al mismo tiempo”, analiza Manuel Gálvez, director comercial de la empresa valenciana Domodesk.

Aplicaciones
¿Y en qué aspectos concretos se plasma esta eficiencia? Los ejemplos son infinitos. Se puede, por ejemplo, instalar sensores que sirvan para detectar el número de personas presentes en un recinto. Después, esta información sirve para controlar a un tiempo los dispositivos relacionados con la seguridad y con la climatización. Dependiendo del número de personas presentes se ponen en práctica unos protocolos u otros de calefacción, orientación de las persianas, iluminación, ventilación, etc. “En estos momentos estamos trabajando mucho en temas de zonificación. Mediante este sistema, que empezó como una aplicación específica para hoteles, conseguimos que se suspenda automáticamente el gasto energético en una habitación cuando los trabajadores u obreros la abandonan. La ergonomía conseguida es total”, reflexiona Juan Carlos Ciudad.

También se economiza en mano de obra, ya que la cantidad de personal necesario para mantener estos sistemas es mínima. “Contamos con una herramienta llamada Sensatel y SMS Control Sofá, con la que se regula la temperatura de un recinto a distancia con un mensaje de móvil”, explica Gálvez. “Y lo mejor es que ese mismo sistema de climatización puede aportar otras ventajas como videovigilancia de todas las estancias del edificio a través de Internet, lo que dejará muy atrás en poco tiempo los sistemas actuales de seguridad basados en circuitos cerrados de televisión”. Mediante estas nuevas herramientas, desde un único PC y con programas fáciles de usar se pueden gestionar las necesidades de todo un edificio.

Inmótica
(Fotografía cortesía de Siemens)

La inmótica aporta también a las empresas una información muy valiosa para organizar su gestión y sus métodos de trabajo. Mediante la centralización de los sistemas se puede saber, por ejemplo, cuánto consume cada unidad de trabajo en un tiempo determinado. Se tienen controlados, además, los movimientos del personal entre los distintos recintos y el gasto energético de cada tarea en cada instante del día. Esto permite identificar los lugares y los momentos más adecuados para llevar a cabo determinados trabajos de forma eficiente. Otra de las aplicaciones que se derivan de ello, sin ánimo de resultar controlador con los trabajadores, es el nivel de efectividad de cada unidad en términos de tiempo, energía y espacio utilizados.

Mucho por hacer
A pesar de la buena prensa que se ha ganado la inmótica en los últimos años, todavía queda un largo camino para conseguir la implantación definitiva en el ámbito empresarial. “Una de las cuestiones que más tenemos que trabajar en estos momentos es la promoción de nuestros servicios”, comenta Ángel María Anduela, de Soldomotic. “Las empresas hacen sus predicciones y se echan para atrás por los gastos de instalación sin atender al ahorro que puede suponer a largo plazo. Falta tiempo para que la mentalidad de la inmótica se instale en las empresas, sobre todo en la rama industrial”.

A favor de esta tendencia, sin embargo, la necesidad de diferenciarse por parte de las empresas constructoras de recintos industriales. La inmótica, como en su época sucedió con la domótica, aporta un valor añadido cada vez más apreciado por los compradores de recintos empresariales, como sucede con las plantas de oficinas. Por el momento, desafortunadamente, los gastos de implantación pueden resultar excesivos para la empresa en cuestión, sobre todo si su actividad se centra en la producción industrial y no en las labores de oficina. No viene mal, por contra, solicitar un estudio de viabilidad y eficiencia adaptado a la compañía que compare el ahorro con la inversión necesaria. Una estimación sin compromiso que puede convertir una empresa en pura maquinaria suiza capaz de exprimir al máximo todos los recursos disponibles.

Otra de las ventajas que plantea el uso de la inmótica en la empresa es la velocidad con la que pueden detectarse todo tipo de averías o disfunciones, tanto dentro del proceso productivo como en los departamentos de oficinas. “Estamos trabajando mucho en estos momentos para actualizar todos los sistemas que tienen que ver con la detección, por ejemplo, de fugas de agua, de apagones, de incendios, de forma que se pongan a trabajar inmediatamente los protocolos preventivos en cuanto se transmita la señal”, relata Manuel Gálvez, de Domodesk. Pero no solamente resultan útiles estos detectores en caso de situaciones de urgencia. También sirven, por ejemplo, para mantener actualizada la información referente a las horas de vida que le quedan a cada punto de luz, a las lámpara de emergencia y al resto de equipos de trabajo. De este modo se cuida que todos los repuestos necesarios estén disponibles en el momento en que sean útiles. Una labor de anticipación pensada para optimizar al máximo los recursos y evitar tiempos muertos.

Ergonomía
Pero la inmótica no pretende solamente lograr la máxima producción en el menor tiempo posible. También se priman todos los aspectos relacionados con la ergonomía y el bienestar del trabajador. Los dispositivos más modernos incluyen prestaciones de salubridad, con las que se vigila constantemente el entorno laboral de los empleados. Con estos sistemas se consigue, por ejemplo, detectar al instante aquellos ambientes en los que hay una excesiva acumulación de gases u otros elementos dañinos. Estas aplicaciones, sin embargo, están todavía en proceso de pruebas en su versión más desarrollada y se espera que se encuentren listas a finales del próximo año. Lo mejor es que la actual demanda de proyectos de inmótica está favoreciendo un nivel de innovación más dinámico que en los últimos diez años. La inmótica ya no se considera una prestación de ciencia ficción ni una herramienta de simple comodidad, sino que se percibe como un aliado para la optimización.

Operarios trabajando en una línea de montaje automovilística
(Fotografía cortesía de Volkswagen)

Una de las prestaciones que más valoran las empresas que utilizan ya inmótica es la capacidad de anticipación y la posibilidad de elaborar planes de ahorro. Tras sólo unos meses con sistemas de inmótica es posible obtener datos desglosados sobre los puntos débiles en la optimización de las empresas. Las zonas donde más se consume y menos se produce, los fallos en la seguridad del edificio, la relación entre gasto por cada empleado y producción derivada. Como si de una consultora energética se tratara, la inmótica es el espejo en el que se miran todos los componentes de una compañía. Unos datos que no resulta fácil obtener si no se cuenta con detectores trabajando 24 horas como sucede con los sistemas de inmótica.