La industria deja abierto el grifo

Las aguas residuales son las grandes olvidadas de la industria en términos medioambientales. Pocos controles por parte de las administraciones y la escasa concienciación de muchos de los implicados llevan a una situación preocupante en el tratamiento del agua procedente de actividades productivas.

Es uno de los puntos negros del medio ambiente industrial en España. Ya sea por falta de concienciación ambiental, por carencia de recursos económicos o por los escasos controles por parte de las distintas administraciones implicadas, lo cierto es que en España el tratamiento y el reciclaje de las aguas industriales deja bastante que desear. “Por desgracia queda mucho por hacer. Ni las empresas, ni mucho menos las diferentes administraciones tienen conciencia del problema”, sentencia Miguel Ángel Peña, director general de Reda Hispania, y un profesional con más de 20 años en el sector del tratamiento de aguas industriales.

Agua
Foto: cortesía de Siemens Press Picture

Y todo esto sin que España cumpla con el típico patrón de país desarrollado donde la industria consume el mayor porcentaje de agua dulce. Según el Libro Blanco del Agua, editado por el Ministerio de Medio Ambiente, el consumo en nuestro país es de 35.000 hm3/año, de los que el 68% se destina a regadío, el 18% a abastecimiento de población e industria y el 14% restante a sistemas de refrigeración de producción de energía. En el conjunto de los países desarrollados, el agua dirigida a usos industriales alcanza el 59%.

Uno de los datos más preocupantes es el hecho de que el volumen de agua residual recogido en España es de 3.469 hm3, de los que solo se reutilizará el 4% (unos 170 hm3), a tenor de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Diversos estudios apuntan a que nuestro país tiene un importante potencial en este campo, y podría llegar fácilmente con métodos más rigurosos al reciclado de 1.300 hm3.

Control administrativo
Uno de los principales obstáculos de la industria española en su relación con el medio ambiente es el propio tejido industrial español. La gran cantidad de pequeñas y medianas empresas, la competitividad existente en el mercado y los elevados costes que los tratamientos del agua suelen acarrear para las compañías tienen como consecuencia que el problema no se encare. Además, la existencia de polígonos industriales antiguos y sin una tecnología adecuada provocan dificultades añadidas para una buena gestión del líquido elemento. La proliferación de pymes hace casi imposible un control real por parte de la Administración, que tiene poco interés en la supervisión total de las aguas residuales procedentes de la industria. Miguel Ángel Peña va más allá y pone un ejemplo: “En muchos planes de depuración de aguas en municipios, ya sean grandes o pequeños, no se prevé la separación de las aguas industriales de las fecales”.

A diferencia de las aguas negras domésticas, los efluentes industriales contienen con frecuencia sustancias que no se eliminan con un tratamiento convencional, ya sea porque están en concentraciones elevadas o por su naturaleza química. Muchos de los compuestos orgánicos e inorgánicos que se han identificado en aguas residuales industriales son objeto de regulación especial debido a su toxicidad o a sus efectos biológicos a largo plazo.

Agua
Foto: cortesía de Siemens Press Picture

En 2002, con la Ley 16/2002 de Prevención y Control Integrado de la Contaminación se buscó un mayor control de estas aguas residuales. Ese mismo año se puso en marcha el EPER-España, es decir, el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes, en el cual se dispone de información sobre las emisiones al aire y al agua de sustancias generadas por las instalaciones industriales.

En Europa, la situación es distinta, a juicio del responsable de Reda Hispania. “En los mercados que conozco, Francia e Italia, la cuestión es radicalmente diferente: en primer lugar, el agua es un bien y un servicio que se valora y se cobra a precio de coste real: entre 3 y 4 euros/m3 y, en segundo término, la presión de la Administración es la lógica en cualquier país europeo: las leyes se hacen cumplir y los industriales lo asumen”.

Las posibilidades
Opciones para el buen tratamiento y reciclaje de las aguas industriales existen y son variadas, aunque dependen en gran medida de la conciencia ecológica de los empresarios.

Para el reciclaje de contaminantes en aguas industriales, la aplicación de una técnica no destructiva se entiende, habitualmente, como una etapa previa de concentración antes de abordar su destrucción química. Pese a que esta afirmación es la más aceptada por el sector, existen quienes niegan la necesidad de la fase química del tratamiento. “Si se quiere reciclar el agua, hay que quitarle cosas, no añadirle. Los productos químicos de las depuradoras salinizan el agua y generan toneladas de residuos sólidos. Es un despropósito tener que comprar cantidades ingentes de reactivos, manipularlos y producir cientos de kilos de residuos que tienes que volver a pagar para que se los lleve un gestor”, analiza Peña.

Sistema de ósmosis inversa
Foto: cortesía de Siemens Press Picture

La materia contaminante en suspensión puede ser de muy diversa índole, desde partículas de varios centímetros y muy densas (normalmente inorgánicas) hasta suspensiones coloidales muy estables, y con tamaños de partícula de unos pocos nanómetros (normalmente de naturaleza orgánica). También la concentración de los mismos, tanto en el agua a tratar como en el líquido una vez tratado, representa un papel fundamental a la hora de la elección del tratamiento más conveniente.

Al igual que en el caso de la materia en suspensión, la materia disuelta puede tener características y concentraciones múltiples: desde grandes volúmenes de sales inorgánicas disueltas (salmueras), pasando por orgánicas (materia orgánica biodegradable en la industria de alimentación) hasta cantidades extremadamente ínfimas de inorgánicos (metales pesados) y orgánicos (pesticidas), si bien también sería, en este caso, necesaria su eliminación dado su carácter peligroso.

Tipos de aguas
En concreto, las aguas residuales industriales son las que proceden de cualquier actividad industrial en cuyo proceso de producción, transformación o manipulación se utilice el agua, incluyéndose los líquidos residuales, aguas de proceso y aguas de drenaje.

• Los líquidos residuales consisten en disoluciones acuosas a distinta concentración que se derivan directamente de los procesos de fabricación de todo tipo de productos. Resulta imprescindible el tratamiento previo de esta agua antes de su vertido debido al poder contaminante que posee, y que varía según las concentraciones de los agentes contaminantes.

• Las aguas residuales de proceso tienen su origen en el empleo de este líquido como medio de transporte, lavado, refrigeración directa, etc. Se contaminan en contacto con los productos de fabricación o los fluidos residuales.

• Las aguas de drenaje proceden principalmente de las pluviales. Su contaminación, si existe, es muy baja y proviene de áreas de almacenaje de artículos al aire libre, derrames de productos en viales y zonas a la intemperie, rodadas de vehículos, etc.

En definitiva, distintos tipos de aguas residuales, diferentes maneras y procesos de tratamiento y reciclaje de las mismas, pero pocas intenciones por parte de los principales actores de atajar un asunto que en España se nos está escurriendo entre las manos.

  • Para saber más:
  • Un problema global
    La pareja agua-industria es un matrimonio con problemas en todo el mundo, aunque de índole más grave, lógicamente, en los países industrializados. El 59% del consumo total de agua en estos últimos se destina a uso industrial, el 30% a gasto agrícola y un 11% a necesidades domésticas, según se constató en el primer informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos del mundo: “Agua para todos, agua para la vida”.

    La planta purificadora ‘Isla del Ciervo’
    Foto: cortesía de Siemens Press Picture

    Esto no sería un verdadero problema si se aplicaran las medidas ambientales oportunas, pero la realidad es que el sector industrial no solo es el que más gasta, también es el que más contamina. Más de un 80% de los desechos peligrosos del mundo se producen en el mundo industrializado. Las naciones en desarrollo, tomando como ejemplo a sus vecinos del norte, tampoco ponen límites a la contaminación y un 70% de los residuos que se generan en las fábricas se vierten al agua sin ningún tipo de tratamiento previo, contaminando así los recursos hídricos disponibles. El caso de China y la India es paradigmático ya que su increíble crecimiento demográfico y económico se acompaña de un escaso control del medio ambiente.

    Y es que cada año se acumulan en el mundo entre 300 y 500 millones toneladas de metales pesados, disolventes, lodos tóxicos y otros desechos provenientes de la industria. El futuro no pinta nada bien para el matrimonio agua e industria. Según el estudio de las Naciones Unidas, si ahora la esfera industrial consume un 22% de toda el agua dulce mundial, en 2025 crecerá hasta el 24%, lo que en términos reales significará unos 1.170 km3/año de agua destinados a este uso mientras que en 1995 esta cifra solo alcanzaba los 752 km3.