La imagen vende

Una imagen mejorada gracias al rediseño es una buena baza para que las ventas de un producto aumenten entre el 20 y el 30%, aseguran los profesionales del diseño industrial. Aun así, se trata de una herramienta que sigue infravalorada en España. Rediseñar los artículos del catálogo de su empresa puede ser la línea que separe el éxito del fracaso.

Si el diseño industrial consiste en definir el “cómo” de los productos –cómo se ven y cómo se usan, básicamente– y materializar conceptos e ideas en objetos, el rediseño industrial es una rama que se encarga de mejorar, refrescar e incluso reinventar los artículos que ya existen. “Llamamos rediseño a un restyling [cambio de la imagen], pero también al modificar sustancialmente el producto”, explica Francisco Carrera, director de Carrera Design, un estudio de Barcelona que trabaja con clientes industriales.

La puntualización de Francisco Carrera es quizás la cuestión más crítica en lo que se refiere al diseño industrial: no se trata de conseguir un producto bello, ya que no es sólo una cuestión de estética, sino también de funcionamiento, de ergonomía e incluso de sostenibilidad. El resultado, además de atractivo, debe responder a cuestiones como: ¿resulta eficiente?, ¿mejora el trabajo o la experiencia del usuario?, ¿elimina los problemas que presentan productos similares?, etc.

Todas estas preguntas pueden ser respondidas con la ayuda de un aliado: el estudio o el departamento de diseño industrial. Aunque no todos los estudios aúnan las habilidades necesarias para mejorar los criterios estéticos, funcionales y de fabricación de un producto. “Hay mucha gente que aprende diseño industrial, pero que tienen un perfil más cercano al de proyectista. En Barcelona, sin embargo, se incide más en la estética de los trabajos”, comenta Íñigo Echeverría, gerente de Dinamo, un estudio guipuzcoano que trabaja para Irizar, Fagor y Rothenberger, entre otros.

Proceso completo
En Dinamo es esencial saber desarrollar el proceso completo, desde el diseño estético hasta la ingeniería que se aplica al modelo final. “Nuestros clientes –precisa Echeverría– están condicionados por bastantes requisitos técnicos. No sólo buscan que el producto sea estético o que funcione bien, sino que resulte también factible desde el punto de vista de la fabricación”.

El diseño industrial continúa siendo una asignatura pendiente en las empresas españolas, especialmente en las pymes. “Antes, cuando buscábamos clientes nos encontrábamos muchas veces que teníamos que explicar qué significaba eso del diseño industrial. En ocasiones la respuesta era que eso ya se hacía dentro. Y con eso querían decir que el propio dueño o algún familiar se ocupaba del diseño del producto”, recuerda Francisco Carrera.

Se trata de una tendencia que hoy empieza a remitir tímidamente y que desde luego ya no es aceptable para el mercado. Francisco Carrera analiza la ventaja competitiva que supone contar con la ayuda de un estudio de diseño industrial: “Nosotros hacemos algo que el cliente normalmente no puede: sabemos cómo es el mercado desde el punto de vista del diseño, de qué forma utilizan los usuarios los productos, elaboramos estudios de mercado…”

El momento del cambio
A pesar de las ventajas que supone contar con los servicios de un estudio de diseño, los empresarios no siempre se deciden a dar el paso. Una buena idea, según los diseñadores, es empezar por plantearse un rediseño.

“Quien mejor indica si un producto necesita retoques es el mercado”, afirma Íñigo Echeverría. Y constata que “algunas empresas sólo se plantean el cambio cuando no les funciona el artículo o cuando les surgen competidores como los chinos”. Por su parte, Francisco Carrera dice que “el empresario también empieza a plantearse la necesidad del rediseño cuando asiste a una feria y ve que su competidor innova y eso le impulsa las ventas”. Y añade que si el artículo de una empresa resulta igual al de su competidor o tiene la misma calidad y aún así el otro le gana en ventas “es porque hay algo que esa firma no está usando y que el competidor sí”.

Ese algo, ese plus, del que habla el director del estudio barcelonés, puede muy bien ser el diseño: “Existen casos en los que el competidor –fabricando un producto de peor calidad e incluso siendo más caro– consigue mejores resultados; y la razón puede hallarse, por ejemplo, en que el acabado sea superior o que la información del display se lea más claramente”.

¿Preparado para el éxito?
Ese tipo de ventajas pueden marcar la diferencia para una empresa en su camino hacia el éxito o hacia la irrelevancia en el mercado. Los estudios ayudan a aprovechar las ventajas de rediseñar un producto, tal y como ilustran algunos ejemplos que estos profesionales comentan.

Para empezar, el artículo puede funcionar mejor y ser más atractivo, tanto para comprarlo como para venderlo. “A veces no son los clientes quienes nos transmiten el impacto real del cambio de diseño, sino los distribuidores, que nos agradecen que les hayamos proporcionado un producto que ya no se ve obsoleto ni anticuado, sino que les resulta más cómodo de vender”, describe Francisco Carrera.

Un buen ejemplo de estas mejoras se puede encontrar en la báscula para bebés desarrollada en Carrera Design: el metal se cambió por poliuretano integral, más suave, agradable y menos agresivo para los niños, y a la plataforma en la que se les deposita se le dio la forma de una pequeña espalda. Se trata de dos cambios que por sí solos han revolucionado el mercado de ese objeto.

Además, la innovación puede resultar más económica para el cliente o aportar más características sin encarecer el producto, ya sea por los materiales empleados, por una mayor facilidad para fabricarlo o una mejora de la eficiencia, etc. Es el caso del rediseño de una espátula de pintor que crearon en Dinamo: “Se vendía muy bien, pero estéticamente fallaba y tenía un collarín metálico. Se eliminó éste y se mejoró la imagen, a la vez que la ergonomía”. En concreto, los diseñadores de Dinamo detectaron que los profesionales utilizan la espátula entre los dedos y no cogiéndola con el puño cerrado, por lo que diseñaron un mango de goma, mucho más fino de lo habitual a fin de asegurar una mayor comodidad para el usuario.

El valor de la imagen
La estética suele mejorar ostensiblemente cuando un aparato pasa por un estudio. “La nueva carcasa que hemos empleado para un aparato médico de diagnóstico utiliza formas redondeadas; y no lo hace tan agresivo como el antiguo”, explican en Carrera Design, una característica que puede influir mucho en las emociones del paciente. De la misma manera, un destornillador visualmente llamativo destaca en un centro comercial dedicado al bricolaje, donde tiene que competir con muchos productos en la misma estantería.

Otra ventaja es que puede funcionar mejor, lo que implica que el producto es superior al de la competencia. Esta particularidad ayuda, también, a potenciar el artículo en otras cuestiones: si gasta menos, resulta más eficiente energéticamente, lo que representa un ahorro para el consumidor y una aportación a la sostenibilidad –un valor en alza entre empresas y particulares–; si hace falta un menor esfuerzo para usarlo, se produce un aumento del confort del usuario; si está bien diseñado, gana en seguridad, con las implicaciones financieras y para las personas que ello supone. El cancelador de billetes para autobús desarrollado por Carrera Design tiene formas redondeadas y se ha eliminado la brida de sujeción de metal del anterior modelo, dos variaciones que lo hacen mucho más seguro para los viajeros en movimiento.

“Barato y sencillo”
Y por último, como destacan en Dinamo, otra interesante ventaja es que el artículo “sea más barato y sencillo de fabricar”. Así, por ejemplo, en el caso del rediseño de una prensa “el cliente es quien tiene más conocimientos desde el punto de vista técnico, porque cuenta con departamentos especializados muy específicos. Nosotros nos centramos en aspectos como los carenados –básicos para la seguridad–, la forma de montarlos, el conjunto de visión de la máquina, los controles, los elementos relacionados más directamente con el operario…”, puntualiza Echeverría. Además, el gerente de Dinamo apunta que “también hacemos que las mangueras –que llevan incorporadas esas máquinas– queden cubiertas para que el montador no se tenga que preocupar de dónde ubicarlas”.

A esta cuestión, la económica, hay que sumar una consideración clave que aportan desde Carrera Design: “Por nuestra experiencia, calculamos que el diseño supone un aumento de las ventas entre el 20 y el 30%”. Un porcentaje nada desdeñable.

El precio de la estética
Y respecto al precio, ¿qué puede costar todo esto? Depende del proyecto, de las necesidades del cliente, de los aspectos que modificarán o no en el estudio, del producto, de la empresa… No obstante, los propios profesionales aseguran que la inversión merece la pena.

Como se puede deducir, el rediseño de un artículo conlleva una serie de ventajas para la compañía –imagínese el ahorro de costes al tener que montar menos piezas en un autobús y que éstas se puedan instalar más rápidamente– y una mejora en las ventas.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por comunicar estos adelantos, los diseñadores industriales se encuentran ante la falta de visión de muchas empresas. Un gran número de ellas recurren al rediseño cuando están sufriendo el envite de la competencia o la falta de interés del mercado en su catálogo, algo a lo que no es necesario llegar. “Existen productos con 40 años en el mercado que nunca se han modificado. Y otros, sin embargo, se adelantan a los tiempos. Irizar, por ejemplo, es una de las pocas empresas que van por delante. En seis años han rediseñado tres autobuses, con todo lo que eso conlleva”, subraya Íñigo Echeverría, quien concluye con una afirmación: “Si vas por delante, golpeas primero”.