La empresa soporta mucho peso fiscal

Las empresas españolas destinan seis veces más tiempo a cumplir sus obligaciones fiscales que las alemanas. Además, España figura en el grupo de economías desarrolladas en el que las compañías soportan más carga tributaria en relación con sus beneficios, afirma un estudio del Banco Mundial y PricewaterhouseCoopers.

El sentido común también se impone en la fiscalidad. El informe “Pagando impuestos: una imagen global” elaborado por el Banco Mundial y la consultora PricewaterhouseCoopers sobre una muestra de 175 países advierte de que los sistemas tributarios demasiado complejos son disuasorios para la inversión y pueden favorecer la evasión fiscal. Los datos de este trabajo indican que entre los países ricos que cuentan con un marco impositivo más simple figuran Irlanda, Suiza, Nueva Zelanda y los países nórdicos; economías que han puesto en marcha programas encaminados a reducir la regulación y facilitar la relación entre la Administración y las empresas.

El estudio ha recogido datos sobre el número de ocasiones en las que las empresas tienen que pagar sus impuestos cada año; sobre el tiempo que dedican las compañías a satisfacer sus obligaciones fiscales y sobre la parte de los beneficios que las firmas destinan al Fisco. De los resultados obtenidos (ver cuadros) se desprende que las sociedades españolas emplean seis veces más tiempo en cumplir con Hacienda que sus homólogas alemanas, cinco veces más que las francesas y el doble que las estadounidenses.

Cotizaciones sociales
En cuanto al ranking que contabiliza la parte de los beneficios que las empresas destinan al pago de impuestos, España (ver cuadro) se sitúa en el sexto lugar de la lista, con un porcentaje de tributación total de las compañías en relación con sus beneficios solamente superado por Italia, Bélgica, Francia, Grecia y Hungría. La razón que explica la posición española hay que buscarla en el pago de las cotizaciones sociales.

Otra variable interesante que analiza el informe es el número de veces al año que las empresas tienen que abonar sus impuestos. España, con 20 ocasiones, se coloca en una posición intermedia dentro del grupo de países industrializados. Las naciones que disfrutan de un menor número de pagos son Suecia (cinco veces), Reino Unido (siete), Irlanda (ocho) o Estados Unidos (diez). El sistema fiscal español es, en cambio, mucho más asequible que el francés, en el que las compañías tienen que efectuar 33 pagos anuales, y que el alemán, con 32.

Un capítulo del trabajo que ha llamado la atención de los expertos es el que se refiere a los impuesto indirectos (IVA, gravámenes especiales, tasas, etc.). Cada vez, dice el informe, su peso aumenta más en los sistemas fiscales, al tiempo que pierde importancia la imposición directa (IRPF e impuesto sobre sociedades, principalmente). En este ambiente, se explica que los tributos que gravan el consumo constituyeran aproximadamente el 30% de los ingresos fiscales recaudados por los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico )durante 2004.

Detrás de este porcentaje, reflexionan los analistas, se halla el incremento de la competitividad fiscal que existe entre los países para atraer la inversión empresarial y potenciar la creación de empleo y el crecimiento económico sin reducir sus ingresos a través de la fiscalidad y, de esta forma, no poner en peligro la estabilidad presupuestaria. Dicho de otra forma, la reducción de los impuestos directos viene de la mano del aumento de la tributación indirecta, una política que ha sido criticada por su carácter regresivo (no paga quien más tiene) y por sus perniciosos efectos sobre la inflación.

Mejoras fiscales
Estas son las características que definen la fiscalidad internacional hoy en día. Con este panorama, pues, de fondo, el Banco Mundial y PricewaterhouseCoopers proponen mejorar el entorno impositivo para que sea favorable para la Administración, contribuyentes y empresas.

El objetivo es desarrollar un sistema sencillo, eficiente, neutral y proporcional, con una legislación clara, unificada, que optimice la tecnología disponible y que favorezca el diálogo entre compañías y responsables fiscales. Un modelo fiscal, en definitiva, que permita a los gobiernos alcanzar su doble objetivo de consolidar sus ingresos tributarios y compatibilizar el crecimiento económico y la sostenibilidad del Estado del Bienestar. Fines que no pueden poner en peligro la rentabilidad de las empresas y que no deben lastrar a las sociedades con costes adicionales innecesarios