La arquitectura construye la nueva China

<em/>Shanghai, la mayor ciudad de China, se identifica en la actualidad con los rascacielos.” title=”Shanghai” width=”300″ height=”108″ class=”size-medium wp-image-1340″ /><p class=Shanghai, la mayor ciudad de China, se identifica en la actualidad con los rascacielos.

Mientras que en el mundo financiero se discute la futura hegemonía de Estados Unidos en materia económica, China, que parece estar la segunda de la lista para tal honor, hace tiempo que se empeñó en destronar a América en otro campo: el de las obras públicas y edificios. Recorremos algunos de sus proyectos más emblemáticos.

Una vez entrada la primera década del siglo, a las ciudades tradicionalmente asociadas a los rascacielos, como Nueva York o Chicago, se les están uniendo otros nombres, como Shanghai, Dubai o Moscú. El primero de ellos, uno de los principales centros financieros de China, se ha convertido en un abanderado de unas enormes obras públicas y privadas que son toda una declaración de intenciones del poderoso pie con el que el gigante asiático ha entrado en el nuevo milenio.

Hace unos años, con motivo de la puesta en marcha de la construcción del sorprendente JingYa Ocean Entertainment Center, Raimund Abraham, su diseñador y uno de los arquitectos más radicales del mundo, declaraba a la revista Time que era imposible conseguir que se erigiera algo semejante en Estados Unidos, pero que “en China, uno empieza a sentir que cualquier cosa es posible”. Abraham había conseguido sacar adelante el proyecto de un edificio cuyo exterior asemeja un acantilado. En los cinco años que han pasado desde esas declaraciones, se han terminado iniciativas y comenzado otras nuevas que parecen apoyarlas al cien por cien.

Por ejemplo, el Shanghai World Financial Center es, en estos momentos, el edificio con el techo más alto del mundo, pero se trata sólo del proyecto que encabeza otros récord mundiales: la vía de tren intercity entre Beijing y Tianjing es la más rápida; el puente marítimo de la bahía de Hangzhou es el más largo de su categoría; otro puente, el que enlaza Suzhou y Nantong sobre el río Yangtzé ostenta el mayor tablero sostenido por cables; y la terminal 3 del Aeropuerto Internacional de Beijing, es el edificio más grande del planeta.

<em/>El Tapei 101 de Taiwán.” title=”Taipeh 101″ width=”216″ height=”300″ class=”size-medium wp-image-1343″ /><p class=El Tapei 101 de Taiwán.

A estas maravillas de las cifras se les añaden otras, las del diseño, también de reciente creación o de próxima finalización, como el Teatro Nacional de Beijing, conocido como El Huevo, mitad titanio y mitad cristal, la torre de CCTV, que traza un retorcido e imposible bucle de más de 200 m de altura, o el Centro Nacional Acuático, denominado el Cubo de agua, recubierto por un film hinchable, que asemeja gotas de líquido, entre otros.

El Estadio Nacional es conocido como el Nido de pájaro debido a su estructura exterior.

El Estadio Nacional es conocido como el Nido de pájaro debido a su estructura exterior.

El techo asiático
Todas estas propuestas son, en parte, fruto de un país de enormes dimensiones con un crecimiento extraordinario, por lo que junto a ellas se han creado también las infraestructuras correspondientes. En este terreno, China tiene magnificentes obras y proyectos en marcha que son los más grandes del mundo: la presa de las Tres Gargantas será el mayor generador hidroeléctrico del globo; la Red Central Nacional de Carreteras será la más larga de las vías terrestres; el mayor trasvase de agua será el ejecutado desde el sur al norte del país; y la zona de desarrollo industrial de Caofeidian será uno de los mayores puertos de China y el mayor del noreste asiático, entre otros megaproyectos.

Ya sea por su espectacularidad o por ser protagonistas arquitectónicos de los Juegos Olímpicos de Beijing, algunas de estas obras son ya populares, como el Estadio Nacional –el conocido como el Nido de pájaro– o el Cubo de agua, en donde se celebraron las pruebas de natación de Beijing 2008. Sin embargo, hay otras estructuras que son casi tanto o más sorprendentes, ya sea por su tamaño, por las técnicas constructivas empleadas o por ambas cuestiones.

<em/>Las oficinas centrales de la cadena CCTV son un reto arquitectónico sin precedentes.” title=”CCTV” width=”224″ height=”300″ class=”size-medium wp-image-1345″ /><p class=Las oficinas centrales de la cadena CCTV son un reto arquitectónico sin precedentes.

Unos 377.000 m² de pisos, 31 ascensores y 101 plantas. Esas son las principales cifras del que se ha convertido este mismo año en el edificio más alto de China, el World Financial Center (WFC) de Shanghai. Además del récord local, el rascacielos bate dos marcas a nivel mundial. La primera es la del techo a mayor distancia del suelo, a 492 m. Sin tener en cuenta esta característica, la estructura del edificio no supera al Taipei 101, el edificio terminado más elevado del mundo (al menos hasta que se finalicen las obras del imponente rascacielos Burj Dubai, en los Emiratos Árabes), ya que la torre taiwanesa llega a los 508 m de altura gracias al pináculo situado en su parte superior. Pero el techo del último piso taipeinés queda a 44 m por debajo del de la construcción china recién inaugurada, por lo que en cuestión de azoteas, el WFC no tiene rival en estos momentos.

Mirador de vértigo
El segundo récord mundial del rascacielos shanghainés es el del mirador a mayor altura del mundo, en el piso 101, a 492 m del suelo. Hay otros dos más en el mismo edificio, en la planta 100, a 472 m de altura, y en la planta 94, en la que se ha habilitado un espacio de nada menos que 700 m2 dedicado a admirar las privilegiadas vistas.

<em/>El Shanghai World Financial Center cuenta con el mirador a mayor altura del mundo.” title=”ShanghaiWorld” width=”213″ height=”300″ class=”size-medium wp-image-1342″ /><p class=El Shanghai World Financial Center cuenta con el mirador a mayor altura del mundo.

Se tardó algo más de una década en levantar este edificio diseñado por Kohn Pedersen Fox (Estados Unidos) y el East China Architecture and Design Institute (China), ya que la crisis asiática de finales de los noventa paralizó su ejecución entre 1998 y 2003. El rascacielos tiene forma de un enorme abrebotellas y llama la atención por una gran abertura cerca de la cúspide, que además de conferirle un signo característico, sirve para aligerar el peso total de la estructura.

En el desarrollo, del que se ocupó la corporación japonesa Mori Building, se aplicaron varias tecnologías innovadoras dignas de mención, que fundamentalmente tenían como misión contrarrestar los efectos de los movimientos de tierra y el aire. Se utilizó una estructura externa constituida por columnas, diagonales y cinturones; otra interior, el corazón, y una tercera que conecta ambas. La base del edificio está formada por un muro de rejilla de dos planos, uno externo y otro interno, placas de más de 2 m de espesor y más de 2.200 tubos de acero, que actúan como pilares y están hundidos hasta una profundidad de 78 m bajo el suelo. En caso de incendio se puede usar el séptimo piso de la estructura, que está construido a prueba de fuego y tiene incorporado un sistema de aire presurizado que evita que entre el humo.

Otra de las tecnologías con las que se ha dotado al rascacielos, empleada por primera vez en China, es el sistema de amortiguadores de masa o mass dampers, unos contrapesos de 150 t cada uno, situados en el piso 90. Un complejo mecanismo de amortiguadores acoplados a los contrapesos se encarga de contrarrestar los vaivenes oscilantes del edificio, moviéndose en sentido contrario y variando, por lo tanto, el centro de gravedad.

Reto arquitectónico
En lo que concierne a China, el World Financial Center será superado en 2012 por otro rascacielos de 570 m de altura. Competir en esa carrera resulta duro y el ganador lo es por poco tiempo. Pero existe una alternativa a la altura si se quiere destacar con un edificio: hacerlo imposible; en China, en la capital, Beijing, hay un buen ejemplo de ello.

<em/>Najing, Guangzhou, Shenzhen y Chogqing alojarán pronto edificios como los de Shanghai.” title=”Arquitectura en China” width=”300″ height=”216″ class=”size-medium wp-image-1346″ /><p class=Najing, Guangzhou, Shenzhen y Chogqing alojarán pronto edificios como los de Shanghai.

Cuando se construyeron las torres KIO en Madrid, los primeros rascacielos inclinados del mundo, el hecho supuso un importante impacto en la arquitectura. Hubo que asimilar que, efectivamente, 114 m de edificio pueden estar inclinados sin caerse. Ahora, algo más de una década después, el concepto se ha llevado un paso más allá.

Si se toman las dos torres inclinadas madrileñas, se duplica su altura, se colocan en diagonal una con respecto a la otra y se unen por la base y por la zona superior con otras dos estructuras en forma de “L” se obtiene el edificio de la televisión nacional china, la CCTV. Se trata de uno de los mayores retos arquitectónicos hasta la fecha, debido a la complejidad técnica de realizar un bucle de 234 m de altura.

Sus diseñadores, al frente de los cuales se hallan los arquitectos Rem Koolhaas y Ole Scheeren, de la firma holandesa Office for Metropolitan Architecture (OMA), tuvieron que desarrollar un sistema estructural especial que aguantara las tensiones creadas en determinados puntos de un modo poco convencional para un edificio.

Las dos torres poseen una altura de 234 y 194 m, que suman en su interior 465.000 m2 de espacio. Su base se une por una sección horizontal de nueve pisos de altura y otros tres subterráneos. Una segunda sección horizontal, de nueve a 13 pisos de altura (no es completamente cúbico y varía a lo largo), junta las dos torres por su parte superior, por encima del piso 36.

El edificio no está concebido como un rascacielos, sino como una estructura que descansa sobre el suelo de manera estable. Sin embargo, tal estabilidad sólo se consigue al final de la construcción, cuando las dos torres se cohesionan, ya que se soportan una a la otra. Hubo que concebir un sistema de construcción con estructuras externas para asegurar que estas dos secciones verticales, con un grado de inclinación de 6º, no se vencieran mientras se construía el edificio, especialmente al llegar a la ejecución de la sección horizontal superior.

De una a otra orilla
Los edificios como el World Financial Center o el bucle de CCTV son interesantes obras de arquitectura, que representan a la perfección la capacidad actual de los chinos para arriesgarse si con ello se le va dar un mensaje al mundo. Por debajo de esa postura anida otra: es factible hacerlo.

<em/>El puente de Hangzhou mide 36 km y es el más largo sobre el mar.” title=”Puente de Hangzhou” width=”300″ height=”199″ class=”size-medium wp-image-1350″ /><p class=El puente de Hangzhou mide 36 km y es el más largo sobre el mar.

Parece que esa es la idea que sustenta algunos otros megaproyectos chinos de obra pública. Entre los más llamativos se hallan dos que comparten un objetivo similar: unir dos orillas; aunque estas se encuentren a enormes distancias.

El puente sobre la bahía de Hangzhou es el más largo del mundo de los erigidos sobre el mar y el segundo de mayor longitud en términos absolutos. Se inauguró en agosto de 2008 y atraviesa 36 km, los que separan sobre el mar las poblaciones de Jiaxing, en el norte, y Ningbo, en el sur, sobre el río Qiantang, en el delta del Yangtzé. Cuenta con tres carriles por sentido, seis en total.

El puente de Hangzhou es, por todo ello, una gran obra pública, pero también un éxito de diseño, que ha conseguido desarrollar una enorme “S” de 36.000 m de largo capaz de aguantar un terremoto de grado 7 en la escala de Richter.

Prefabricado en tierra
Tal y como se ha ejecutado con anterioridad en otras grandes obras alrededor del mundo, el puente se prefabricó en tierra firme y después, con la ayuda de dos gigantescas grúas flotantes –una de 3.000 t y la otra de 2.200 t– y sistemas de GPS especiales (permiten situar los pilares con un margen de error de 5 cm), se fueron instalando los distintos componentes en su lugar de manera precisa. En total, se utilizaron 5.600 pilares de acero de diferentes tamaños que alcanzan los 89 m de largo y 1,6 m de diámetro y se incrustaron en el suelo hasta una profundidad de 60 m. Están fabricados para que puedan aguantar el impacto de un barco, hasta 4.000 t.

La obra completa está compuesta por varias secciones. La primera parte es un segmento de baja altura sobre pilares. Dicha pieza llega hasta el primer puente atirantado que constituye parte de la obra. La construcción de estos puentes a lo largo del trazado tiene como objetivo permitir a los barcos, en particular a las grandes naves de mercancías, atravesar Hangzhou por debajo. La longitud del primer segmento atirantado es de casi un kilómetro, 908 m, y solamente el tablero principal mide 448 m, por lo que hicieron falta dos torres en forma de diamante para soportar el peso.

En su trayecto hacia el sur, la obra continúa en altura otros 1.470 m hasta una nueva sección de baja altura que se extiende durante 9.380 m. Tras este tramo se encuentra el segundo puente navegable, también atirantado como el primero, pero en esta ocasión sólo ha sido necesaria una torre en forma de “A” para aguantar una longitud de 578 m de tablero, de los que 318 m corresponden al segmento principal del mismo. De nuevo, se ha dejado una sección en altura de 1.400 m, que enlaza con otra a baja altura, que continúa otros 6 km sobre el agua, 10 km sobre terreno fangoso y 3 km en tierra firme.

El ‘Oscar’ de los puentes
El puente de Sutong, entre Suzhou y Nantong, sobre el río Yangtzé, es otra de las ejecuciones récord en China. Cuando se finalice su construcción en 2009 batirá varias marcas a nivel mundial: será el puente atirantado con el tablero más largo (1.088 m), con los cimientos más profundos, con la torre más alta y con el tirante de mayor longitud. Todas ellas han sido razones suficientes para ganar en 2008 la medalla George S. Richardson, el Oscar de los puente, que otorga anualmente la Conferencia Internacional de Puentes al proyecto más excepcional del año.

<em/>El puente atirando de Sutong bate cuatro récords como el de ostentar la torre más alta. Fuente: Flickr Donlea Zhuang.” title=”Sutong puente” width=”300″ height=”225″ class=”size-medium wp-image-1351″ /><p class=El puente atirando de Sutong bate cuatro récords como el de ostentar la torre más alta. Fuente: Flickr Donlea Zhuang.

El puente tiene una longitud discreta, si se compara con el de Hangzhou, pero su tablero central supera con creces a cualquiera de los de los dos puentes del anterior. A 62 m por encima del río Changjian se ha colocado este segmento que supera el kilómetro de largo (1.088 m), y tiene una anchura para seis carriles de tráfico. Con estas dimensiones se permite que los cargueros que navegan por el río puedan transitar por debajo.

Entre las técnicas de construcción que se han empleado en este proyecto, que resultan más destacables, sobresale el uso de un sistema compuesto por 36 escaladores de la firma Doka con los que se han instalado las distintas partes de cada pilón utilizado. Se trata de una diferencia significativa, porque poder prescindir de grúas flotantes permite trabajar hasta en las peores condiciones metereológicas.

Medidas colosales
Si bien los retos que se tuvieron que superar no se pueden comparar con los del puente de Hangzhou, las medidas del Sutong muestran a las claras la envergadura del proyecto y su dificultad: 200.000 t de acero, un millón de metros cúbicos de hormigón, 32 km de cable, 270 m de profundidad hasta la primera capa de roca bajo el lecho de arena, y 306 m la altura de la torre de atirantado principal.

De todas las cifras, la que despunta, en especial, por la dificultad que entrañó, es la profundidad a la que había que instalar los pilares. En concreto, se utilizaron potentes máquinas para taladrar agujeros de 120 m de largo en la arena, dentro de los cuales se dispusieron los encofrados para los pilares, cada uno de ellos de 135 t, 70 m de largo y 2,5 cm de espesor.

Sin duda, tanto el puente Sutong, como el Hangzhou, el edificio de CCTV o el rascacielos del World Financial Center de Shanghai, son buenos ejemplos del tipo de proyectos que han convertido a China en la república de las grandes obras.

En la tierra de los rascacielos
En 2010 se incorporarán al club de los gigantes el International Commerce Center de Hong Kong, cuyo techo, en el piso 118, alcanzará los 484 m; el Kingkey Finance Center Plaza, de 97 pisos, que acariciarán el cielo de la ciudad de Shenzhen a 439 m de altura, y el Dinghao Century Stars City, cuya aguja sobre 96 pisos se verá por encima de los edificios de Chongqing, a 428 m.

En 2011 habrá un nuevo rascacielos chino, esta vez en Shenyang; el International Finance Center tendrá 89 pisos sobre los que se situará un pináculo cuya punta llegará a los 427 m. Finalmente, en 2012, China será testigo de un nuevo récord asiático, con la torre China 117, denominada así por su número de pisos, que elevará el listón de los rascacielos de la zona a los 570 m de altura.

Figuras imposibles
El resultado de querer construir un edificio con una forma imposible se puede encontrar en el exterior del mismo edificio de la CCTV de Beijing, en donde se ven los armazones que se han utilizado para aguantar las tensiones producidas por la estructura. Se trata de un exoesqueleto –un esqueleto externo– constituido por una DiaGrid; es decir, una malla o rejilla diagonal. El concepto no es nuevo; de hecho, DiaGrid es una marca registrada de un sistema que se comercializa y se ha empleado en otros edificios como el Swiss Re de Londres, firmado por Norman Foster, o la Torre Hearst de Nueva York.

La ventaja de este sistema es que es ideal para soportar el esfuerzo y las tensiones de los materiales. Las columnas y los tubos diagonales se colocan en forma de triángulos y distribuyen las fuerzas por toda la superficie de la estructura, cuyo cuerpo se sostiene dentro del caparazón. Lo que resulta más peculiar en el caso del edificio de la CCTV es cómo se ha distribuido la rejilla en función de los puntos de mayor tensión de la estructura, de tal manera que en la misma fachada se puede observar cómo la malla va cambiando de más a menos tupida según ésta tenga que aguantar menor o mayor tensión.

Mareas y tifones en Hangzhou
A una obra de por sí ambiciosa y compleja, como la del puente Hangzhou, hay que sumar el mérito que ha supuesto su construcción, teniendo en cuenta el hostil entorno en el que se ha localizado. En concreto, se trata de una zona que tiene que soportar una de las mareas más fuertes del planeta, la furia de los tifones que se producen allí y un lecho marino complicado para construir (con alguna peligrosa bolsa de gas natural incluida). Con estos ingredientes, se explica que aunque el proyecto comenzara a concebirse hace 14 años, no haya sido hasta hace cinco que se inició su ejecución. Hicieron falta nueve años y el trabajo de 600 expertos para desarrollar el estudio previo de la iniciativa antes de poder poner la primera piedra.