Energías no contaminantes

La crisis del petróleo, la situación de dependencia energética de España y la obligatoriedad de cumplir con Kioto son argumentos de peso que obligan a mirar al sol, al viento, a la biomasa y al agua como energías alternativas y rentables. De hecho, los expertos señalan que a partir del décimo año de explotación un huerto solar genera un 100% de beneficios.

En todo mercado cuando la demanda es mayor que la oferta, hay negocio, interés en invertir y empresas dispuestas a apostar por ese bien escaso, que en esta ocasión se llaman energías alternativas. Los datos hablan y España importa cerca del 80% de la energía que consume, un 30% más que nuestros vecinos comunitarios. Paradójicamente, y aunque aquí no hay petróleo, sí hay playa, y sol, y agua, y viento, y en cantidades.

Según Ernest & Young, España encabeza el índice de energías renovables en el mundo occidental. La consultora ofrecía esos datos en mayo en un informe denominado “Índice a largo plazo de [energías] renovables”. En él se evaluaba la capacidad de diferentes países occidentales de producir este tipo de energías y se enumeraban en orden en cuanto a potencial crecimiento y oportunidades de inversión. El documento señalaba que tanto España como EE UU, que ocupa el segundo lugar, “siguen ofreciendo un fuerte crecimiento”. El mercado español figura como el primero en cuatro de las cinco energías estudiadas: eólica, solar, biomasa y otras y lo que denominan como Índice de Infraestructuras Renovables.

Una cuestión política
En cuanto a nuestra capacidad, el último estudio de Greenpeace al respecto, “Renovables 2050, informe sobre el potencial de las energías renovables en la España peninsular” afirma que sólo con la energía solar España tendría capacidad para generar 56 veces más la demanda eléctrica que requeriría en 2050. Esos apabullantes datos (http://energia.greenpeace.es) analizan los distintos escenarios de población y su demanda, estudian los recursos y necesidades de cada comunidad y les llevan a sostener que ser independientes respecto a la energía es una cuestión política que refuta a quienes no cejan en señalar a la energía nuclear como salvación. Y es que al tiempo que se habla de esas huertas de sol, viento y mar para hacer rodar la economía del país, y con el barril de Brent a casi 80 dólares, el debate sobre la energía nuclear como alternativa limpia a los combustibles fósiles, es más actual que nunca. Pero ése es otro tema y no una inversión al alcance del empresario o industrial.

Si bien el abanico de posibilidades para invertir en energías renovables se presenta amplio, según la industria, las empresas inversoras y la banca, el viento, las olas o la biomasa están más lejos que el sol de ser una realidad rentable, cercana y contable a la hora de apostar por ellas. Bajo ese esquema, generar ciertas energías alternativas resulta ser un negocio interesante. Podrían ser, apuntan algunos, el próximo ladrillo a la hora de apostar por el futuro. Los interrogantes estarían en qué modelo seguir (cómo combinar las distintas fuentes de energía, qué inversión se requeriría), su viabilidad, eficacia y rendimientos.

Aprovechar el sol
Y es que a pesar de que somos conocidos mundialmente por la bondad de nuestro clima y horas de sol, en España se ha hecho muy poco en cuanto a su aprovechamiento energético: estamos en el furgón de cola de la Unión Europea respecto a energía solar con 10 m2 de placas solares por cada 1.000 habitantes. Alemania –con muchas menos horas de sol– multiplica esa cifra por más de siete. Y así, aunque según los ecologistas el astro rey podría ofrecernos hasta 10 veces la energía total que consumiría España, si no se pisa el acelerador a fondo, los objetivos del Plan de Fomento de las Energías Renovables –instalar 4.500.000 m2 de paneles térmicos y producir 143,7 MW (megavatios) de electricidad fotovoltaica en 2010– serán inabordables.

El negocio está en el Real Decreto (436/2004) que regula la producción de energía eléctrica en régimen especial y permite transferir todo el potencial generado a cambio de una tarifa estipulada. El objetivo: que en el año 2010 el 12% del consumo energético se realice a partir de este tipo de energías limpias. En el negocio de la venta de electricidad, el Gobierno bonifica el kilovatio vendido al 575% del coste los primeros 25 años si la potencia instalada es menor de 100 kWp (Kilovatio-pico) y al 300% si la potencia es mayor.

Según las empresas instaladoras de las placas fotovoltaicas que generan electricidad a partir de los rayos del sol, el periodo de amortización de una instalación, un huerto solar creado con el fin de vender toda su producción, oscila entre 7 y 10 años. A partir de esa fecha, prácticamente todo lo generado son beneficios, apuntan en la firma Hispano Solares. Y eso es posible gracias a las distintas ayudas que otorga el Estado. El IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía), el año pasado subvencionaba a fondo perdido un 19%; y aunque este ejercicio ya no ha habido fondos para subvencionar la energía fotovoltaica; las comunidades autónomas facilitan unas cantidades próximas al 30% y las facilidades para obtener préstamos para realizar la inversión son cercanas al 70% de la inversión.

Trabas al inversor

No obstante, los beneficios dependen de la cantidad de sol que reciba la zona –las horas de sol no están garantizadas por nadie–, de los precios de la instalación –uno de los aspectos que la encarece–, de la instalación y de su mantenimiento. El otro escollo pasa por conseguir las licencias y permisos que permitan conectar la energía conseguida a los transformadores de las eléctricas. “El pequeño inversor, coinciden los fabricantes, lo tiene más difícil. Las grandes empresas son las que han conseguido los planes más rentables: tienen capacidad de crear lobbies y los buenos proyectos los han logrado ellas”, manifiesta un fabricante que prefiere no dar su nombre.

Con las mismas condiciones, la rentabilidad varía según la zona geográfica. Los ganadores en esta batalla empresarial han alcanzado rentabilidades del 20%, los segundos han de conformarse con un 12%, calculan los inversionistas. Respecto a los trámites y regulaciones a cumplir, María José Morales, socia de Avant Solar, instaladores de placas, considera que la regulación y permisos requeridos no son mayores que en otras actividades industriales. “La idea es evitar que el negocio energético se convierta en un tema de aficionados y que se especule con suelos rústicos. Las eléctricas tienen que estudiar si el centro de consumo estará cercano, a qué línea se va a conectar la instalación, ver cómo se puede ofrecer energía alternativa en los casos en que no hay sol… Los permisos no son una cuestión de trabas; se trata de profesionalizar el sector”, señala.

Fondos ecológicos
Y a pesar de que la apuesta por las energías limpias comenzó con la inversión en las basadas en la fuerza del viento y las grandes compañías han destinado la mayor parte de sus recursos a la eólica, sus elevados costes de inversión (superiores al millón de euros) convierten al viento en un negocio vetado para los medianos y pequeños empresarios.

Como alternativa más asequible queda la opción de invertir en el único fondo español de energía eólica, Eolia, que también trabaja e investiga en proyectos de biomasa.

Pictet, una de las mayores gestoras de fondos, cuenta en su oferta con un fondo de agua, el PF-Water-P Cap, que invierte en compañías del sector del agua. Por su parte, Banco  Santander ha creado el fondo FC2E de carbono español. Este producto permite a grandes empresas y a pymes conseguir derechos de emisión a unos precios hasta tres veces inferiores a la cotización actual de la tonelada de dióxido de carbono (CO2).

Quedan como alternativas y renovables las energías que podrían generarse de la eólica marina, las geotérmicas, hidráulicas o la solar termoeléctrica, fuentes todavía complementarias y a sumar en ese cada vez mayor consumo energético, pero todavía poco incentivadas para convertirse en el nuevo ladrillo para los inversores.